Una semana entre la súplica y el deseo

839 Words
Bruno la esperaba a la salida de clases con una sonrisa temblorosa y las manos sudorosas. Había pasado el fin de semana en vilo, repitiendo en su mente esa frase cruel: "Eres bueno para follar. Pero no para incendiarme." Desde entonces, Cecile no le respondía con ternura, solo con monosílabos, miradas esquivas, o con un "estoy ocupada, hablamos luego." Pero no podía soltarla. No aún. —¿Podemos hablar? —le dijo ese lunes, siguiéndola hasta su auto. Cecile se detuvo, lo miró con superioridad. —¿Hablar? ¿Sobre qué? ¿Sobre cómo me hiciste gritar mientras pensaba en otro? Bruno bajó la mirada. Dolido. —Yo te amo, Cecile... y sé que te fallé en algo, no sé en qué, pero puedo mejorar. Puedo aprender a darte lo que necesitas. Ella sonrió con malicia. —¿Estás dispuesto a todo? Él asintió. Con el alma rota. —Bien —respondió ella, acercándose para rozar sus labios—. Entonces esta noche te quiero en mi departamento. Solo sexo. Ni una palabra más. ⸻ Y así fue. Lunes por la noche, Cecile se lo folló contra la mesa del comedor. No lo besó. No lo abrazó. Solo se dejó penetrar mientras lo miraba con ojos vacíos. Y apenas se corrió, lo empujó fuera de ella, se duchó sola, y lo dejó durmiendo en el sofá como a un perro callejero. Martes, fue peor. Cecile pasó toda la tarde intercambiando mensajes con Lucien. "Llévate ese dildo que tienes escondido. Hoy quiero verte gimiendo mientras me ruegas permiso para correrte." "Eres tan puta, Cecile. No sé si quiero follarte o castigarte." "Mándame una foto de cómo te tocas pensando en mi lengua entre tus piernas." Y ella lo hizo. Cada imagen enviada, cada audio gemido, cada palabra sucia grabada con los dedos temblando, era como una daga directa al centro de su moral. Pero le encantaba. Miércoles, Bruno le cocinó. Intentó "reconquistarla". Le llevó flores. Le dijo que recordaba cómo le gustaban las fresas con chocolate. Cecile se rio. —Fresas. Flores. ¿Eso crees que quiero? ¿Romanticismo, Bruno? Se acercó a él, pegando sus labios a su oído: —Ayer me metí dos dedos en la ducha mientras otro me ordenaba por teléfono que fingiera que era su v***a. —¿Puedes competir con eso? Bruno tembló. —Dame otra oportunidad. Solo... no me alejes. Ella lo miró. Y con cruel dulzura, se bajó las bragas, se sentó sobre su regazo, lo dejó entrar en ella... y se movió lento. Muy lento. Solo para humillarlo. —Fóllame, Bruno. Pero no te confundas. Esto no es amor. Es caridad. ⸻ Jueves. Lucien fue más lejos. "Métete una cucharita de metal al congelador. Quiero que la uses en tus pezones mientras me cuentas al oído cómo te haré sangrar de placer." Y ella lo obedeció. "Grábame un audio diciendo cuánto amas que te la metan por la boca hasta que llores." Y lo hizo. "Quiero verte amarrada de tus tobillos, con el culo en alto. Hoy. Si no puedes esta noche, no vuelvas a escribirme." Y ella canceló todo. Incluso a Bruno. Ese fue el día que supo que ya no tenía vuelta atrás. ⸻ Viernes por la tarde, recibió un mensaje distinto. Formal. Siniestro. "Te espero en mi oficina. Piso 47. A las 9 PM. Tócate antes de llegar, pero no te corras. Eso me pertenece." Cecile sintió cómo el corazón le latía en el coño. Era la cita. La primera. Después de una semana de obediencia sucia, el amo había decidido verla. ⸻ Bruno apareció en su puerta a las 7 PM, sin aviso. Flores otra vez. Chocolates. Un poema escrito a mano. —Solo quiero decirte que aún te amo. Que aún puédenos amarnos. Cecile lo miró. Llevaba un conjunto de lencería n***o debajo de su abrigo largo. Ya no era suya. Ya no era de nadie. Era de Legrand. —Te agradezco el gesto —susurró con falsa dulzura—. —Estoy de salida, tengo cosas que hacer en el negocio de la familia,perdón si no te invito a que te quedes. Cerró la puerta en su cara. Y al otro lado, se rió. La buena chica había muerto. Lo que quedaba... era fuego Nota del autor: 🔥 BRUNO RIVEROLL Edad: 23 años Ocupación: Estudiante de Derecho e ingeniería/ Heredero de la segunda empresa más rica del país Formación académica: Estudia en la misma universidad que Cecile. Tiene influencias, dinero y conexiones, pero también inteligencia real. Se especializa en Derecho Corporativo. Descripción física: El chico que parecía perfecto… Alto (1.85 m), de cuerpo atlético, cabello castaño claro, ligeramente ondulado, que siempre lleva desordenado de forma sexy. Ojos azules, piel bronceada. Sonrisa encantadora, la típica que convence a cualquiera de cualquier cosa. Tiene el cuerpo trabajado sin exagerar, y un aire relajado que contrasta con el control obsesivo de Lucien. Vistiendo casual, en jeans y camisa blanca remangada, roba miradas. Pero en el fondo, también tiene oscuridad. Sobre todo cuando la vuelve a ver con otro.
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