El silencio solo fue roto por el crujir de la leña, Alexander y Noa se quedaron mirando sin darse cuenta sus rostros se juntaron hasta unir sus labios, ambos se movieron en absoluta sincronia, lo que comenzó como un roce de labios se convirtió en un apasionado beso, el rubio tomó a la niñera de la cintura apegandola más a su cuerpo. Por falta de oxígeno Noa se separó de los labios de Alexander respirando agitada, se sintió avergonzada y fuera de lugar en este momento había cruzado la línea de jefe y empleada. —Noa... —¡Lo siento, de verdad lo siento! —prorrumpió la morena levantándose del sofá para acto seguido correr a su habitación. Alexander intentó detenerla pero la muchacha solo lo ignoró, volvió a tomar asiento llevó sus manos al rostro meditando en lo que acababa de pasar.

