Entró a la casa con su hija en brazos. —Lleve a la pequeña a su habitación, yo iré en un momento a ponerle la pijama será muy incómodo. —Gracias. —Dijo llevando a la niña en sus brazos. Subió las escaleras, entró a la habitación donde la pequeña se estaba quedando acostó a la chiquilla, acto seguido tomó asiento a un lado para quitarle los zapatos a la pequeña castaña. —Ya estoy aquí —dijo Noa entrando a la habitación, la morena caminó al armario de ahí saco una dormilona azul celeste con pequeñas lunas y estrellas de color amarillo—. Será más fácil ponerle está pijama, trataré de desarmar su peinado así dormirá más cómoda. Alexander se puso de pie para que Noa cambiara a la pequeña con más comodidad. En cuestión de minutos la morena con la mayor paciencia retiró el vestido de la

