LIVIA El sol me estaba friendo la cara. ¿Otra vez me quedé dormida al lado de la piscina? Abrí los ojos lento, toda desubicada, y todo se veía como si tuviera un filtro encima. ¿Me dio un golpe de calor o qué? Tenía la boca seca como desierto y lo único que quería era un jugo bien frío, con hielo y todo. Me traté de incorporar, parpadeando para quitarme el mareo, y medio funcionó. Ojalá no hubiera funcionado. Estaba en una habitación de hospital. ¿QUÉ carajos? ¿Cómo terminé acá? ¿Qué me pasó? Me bajé de la cama con la idea de llegar al baño que había visto de reojo, pero en cuanto pisé el suelo... Me fui de boca contra el piso. —Ay —, solté, tratando de pararme, pero mi cuerpo ni respondía. Me sentía como trapo viejo, sin fuerza, sin equilibrio. Se me llenaron los ojos de lágrimas. ¿Po

