Marilyn Marilyn estaba sentada mirando de manera ausente el arroyo que corría entre su oficina y la casa, con una taza de té en la mano, mientras pensaba en cómo iban los próximos capítulos de su nuevo libro. Algunos días todo fluía sin descanso, y podía trabajar sin parar durante 10 o 12 horas. Otros días podía tomar medio día solo para lograr que un capítulo quedara bien cuando lo escribía, y estaba descontenta con él, lo borraba y lo intentaba de nuevo, o mantenía ciertas partes y trabajaba en ellas varias veces hasta que finalmente encajó. No era tan fácil como todos pensaban juntar un libro, y podía llevar meses o años de planificación y elaboración para que todo estuviera bien. Desvió la vista del paisaje y volvió a su laptop solo para darse cuenta de que había pasado de nuevo. En

