Santiago
Saber que alguien había tocado a Mar de una manera que solo yo queria hacer me hizo molestar tanto, sabía que estaba siendo egoísta al pedir que ella no estuviera con nadie cuando yo hice lo contrario, pero joder, estaba celoso.
Moría de celos al saber que alguien la había tocado, que habían tomado lo que desde un inicio debía ser mío, si todo fuera diferente, si nuestros padres no fueran tan unidos, en este instante estaría a su lado, al lado de la mujer que siempre había amado.
Pero por una parte me alegraba que no había sentido nada con ese hombre, no por lo que pasó, sino porque eso significa una cosa, Mar merece a alguien que la ponga como prioridad, que se dedique a ella, que le preste atención más a su cuerpo que al deseo, ella debía saber que era estar con un hombre de verdad, aún cuando ese hombre no podía ser yo.
-Estoy loco por una castaña Mar, es lo único que debes saber- agregue a mis últimas palabras pero no recibí respuesta de su parte, me gire para verla percatandome de que se había quedado dormida, sonreí ante la imagen y es que a pesar de su estado no dejaba de verse bien.
Me levante un poco sentandome en el piso y suspiré, todos se habían dormido, Violeta y Perla habían sido las primeras, Daniel y Esteban estaban abrazados en el piso mientras dormían y Mar se había quedó a mi lado.
Me puse de pie y tomé las cobijas que había dejado mi tía y le puse una a Violeta, hice lo mismo con Perla asegurándome de que no se enfermaran, por lo menos ellas estaban más cubiertas, Mar era la única que llevaba vestido y que se veía jodidamente sexy con el.
Pase otra cobija sobre el cuerpo de los chicos quienes murmuraron un poco y después siguieron durmiendo, me acerque a Marena y la tomé en mis brazos para llevarla a la colchoneta que quedaba disponible, la dejé con cuidado y ella murmuró un poco.
Su vestido se había subido un poco pero no la miraría, sabía que se veía jodidamente buena pero debía respetarla, no me propasaria con ella.
Tomé la última cobija disponible y la pase por su cuerpo encargándome de cubrir sus piernas, no quería que se enfermara y la noche suele ser fría.
Sus manos tomaron la cobija y sonrei al verla cubrirse, pase mis manos por su cabello y Cerré los ojos al bajar a su mejilla
-Quédate aqui- menciono, la mire por un segundo creyendo que estaba despierta pero no, seguía dormida
-Debo irme- asegure y ella murmuró algo entre sueños
-Solo quédate y abrázame- se movio un poco y yo suspiré, me acomode a su lado y ella puso su cabeza en mi pecho, su mano rodeo mi cintura y yo sentí mi respiración agitarse, no estaba acostumbrado a este tipo de intimidad y mucho menos con ella, sentir su cuerpo tan cercas del mío me estaba volviendo loco en muchos aspectos.
-Cuando despiertes no estaré aqui bonita- acaricié su espalda- Aunque quiera esto no puede pasar Mar, no puedo dejar que este sentimiento sea mayor que nosotros- suspiré y Cerré los ojos.
No supe en qué momento me quede dormido pero desperté al sentir los rayos del sol golpear mi rostro, jamás había dormido tan bien como hoy, pero no podía continuar así, debía irme antes de que alguien se despertará.
Me levante con cuidado asegurándome de que ella siguiera dormida y cubrí su cuerpo con la cobija de nuevo, tomé mis cosas y salí de la casa, tomé mi auto y conduje hasta la de mis padres, lo cual era ridículo pues era relativamente cercas, solo dos cuadras de distancia pero no podía dejar mi auto en casa de mis tíos.
Dejé mi auto en su lugar y entre a la casa, aun no había nadie despierto, en realidad apenas estaba amaneciendo.
Subí a mi habitación y sonreí, había dormido a su lado pero eso no debía repetirse, no podía seguir teniendo esa intimidad con ella.
Me di una ducha dejando que mi cuerpo se relajará aunque no funciono, las imágenes de Mar en el antro, la manera tan hipnótica de mover sus caderas, la manera en que su piel brillaba bajo la luz de la luna, esa sonrisa pícara y la manera en que su respiración se agitaba cuando me tenía cercas.
Esa mujer apenas llegaba y ya había puesto mi mundo de cabeza, me había puesto en un lapso donde no me importaba las consecuencias de mis actos.
Si estaba pecando por desearla, por amarla, entonces era el mejor pecado del mundo, quería sumirme en ese deseo abrazador que se acumulaba en mi cuerpo.
Porque en este momento su imagen venía a mi mente de nuevo y mi cuerpo no podía dejar de desearla, sentía mi cuerpo arder en llamas, sentirla, besarla, llevé mi mano a esa zona que reclamaba su presencia.
Y sus labios llegaron a mi mente, esos labios tan carnosos que deseaba besar, esos que me hacían desear escuchar mi nombre salir de ellos, quería escuchar como sus gemidos inundaban el lugar.
Su cuerpo aparecía moviéndose frente a mi, no había mentido anoche, la mayor fantasía que tenía, era tenerla a ella, besarla, sentir la suavidad de su piel, ver como su cuerpo me recibía y sentir como reaccionaba a mis caricias, la quería en mi vida, en mi cama, no solo una vez, porque sabía que una vez y la tuviera en mis brazos seguiría queríando más, mucho más de ella.
Besarla iba a ser mi colapso, me insitaria a más, si ahora no la había tocado y la adrenalina invadía mi cuerpo, no quería imaginar que sería después de que lo hiciera.
Pasé mi mano por mi masculinidad, hacia tiempo no usaba mi mano para darme placer, pero estaba consciente de que no la tocaría de otra manera y la única forma de calmar mi deseo por ella era de esta manera.
Su imagen seguía en mi mente y mis movimientos intensificaron, su nombre salió de mis labios en un pequeño gemido.
Pero esto no se sentía bien, quería que fuera verdad, sentirla a ella más que en mi mente, pero era imposible, debía sacarla de mi mente, de mi vida, pensar en ella como una prima, como una hermana, no como una mujer, no era correcto, me lo dijeron un sin fin de veces y no debía fallarle a mi abuela.
-Pero me gusta, no quiero que se vaya, de verdad la quiero- mencione entre lágrimas, tenía 12 años en ese entonces, habían pasado 4 años desde que la bese, desde que ella se distanció de mí pero nada había cambiado.
-Te he dicho que no puedes sentir nada por ella Santi- mi abuela menciono molesta- Es tu prima, no quiero que la mires como algo más, ella debe buscar un hombre que la haga feliz, que la haga sentir bien, en su momento será y no serás tu- aseguro
-Pero yo quiero serlo, ser el mejor hombre para ella, aún estamos chicos lo sé, pero la quiero- repetí y ella nego
-¿Crees que van a ser felices? Por favor mi niño, abre los ojos, esa niña se irá, continuará su vida en México, conocerá chicos a lo largo de su vida, solo se reencontraran en las fiestas, pero después cada uno tomará su curso, son primos, no puedes seguir pensando de esa manera- aseguro y yo negue
-No somos primos, nuestras madres no son hermanas- asegure
-Pero se quieren como tal y para mí tus tías son como mis hijas por ende Marena, Violeta y Perla son tus primas, debes quererla y cuidarlas como tal, porque eso son tus primas, no te enamores de ninguna porque jamás podrán estar juntos- sentí mi pecho romperse, de verdad la quería, no quería que ella se fuera deseaba estar a su lado demostrar que podía ser el hombre que la haría feliz
-No dejaré que se vaya- asegure- Mis padres me apoyarán en mi decisión, la quiero- tome valor y mi abuela se puso de pie
-No pueden estar juntos, entiéndelo, nadie va a apoyar esto, son primos y debes recordarlo siempre- sentenció antes de irse.
Si bien mi abuela no era una mala persona, consideraba que estaba siendo egoísta conmigo, no porque ella quisiera a mis tías como una hija, debía hacerme querer a Mar como mi prima, la había querido desde siempre y ahora no estaba seguro de si querer seguir con esto, de mantener mi corazón protegido de su rechazo o jugármela.
Porque estaba consciente, era un imbecil, porque me había vuelto el más promiscuo del mundo, entendía que ella no confiara en mi y que no quisiera estar con alguien como yo, lo dudaba, además si para ella era un primo, entonces estaría rompiendo mi corazón y era lo que menos quería, no quería ser vulnerable, me negaba a sufrir por ella y jugarme todo me dejaría expuesto, si todo salía bien ganaría a la mujer de mi vida, pero si todo salía mal, no solo perdería a mi chica, perdería nuestra amistad todo se iría al carajo.