Santiago
Había bebido más de la cuenta, en este momento sentía que mi cabeza estallaria, me sentía mal, sumamente mal ¿Pero cual era el motivo? Claro el motivo era esa pequeña castaña que había regresado.
Ella volvería a poner mi mundo de cabeza y todo en vano porque no podíamos estar juntos, porque ella merecía más que está basura que era.
Me levante la cama percatandome de la chica que estaba al lado, genial, de nuevo me había metido con otra mujer pensando que era ella, como si esas cosas fueran a pasar.
Busque mi ropa en el piso percatandome del persevativo usado, bueno al menos no había sido más imbecil, me vestí tan rápido como pude y tomé mis cosas, mis padres me matarían si llego tarde a la comida de bienvenida que les habían preparado a mis tíos y primas, porque si, después de varios meses los veríamos de nuevo, y después de varios años regresaría a vivir a Italia.
Lo cual me dejaba más jodido que antes, si bien ya lo estaba, ahora más, siempre que íbamos de visita para las fiestas regresaba más jodido que antes, no podía verla y hacer como que nada pasaba, no podía simplemente dejar de verla con cariño, si ella me gustaba desde que tenía 8 años, esa pequeña mujer me había jodido la vida, había jodido mi maldito sistema.
Se preguntarán, ¿Cómo he estado enamorado de ella durante 11 años? bueno la respuesta es fácil, cada vez que la veía me gustaba más, aún con sus coletas altas, sus faldas y ropa sucia al jugar en la arena o cuando salía de la alberca con su cabello mojado y desordenado, verla llena de pintura o despeinada me parecía tierna, pero eso no fue todo, cuando se fueron creí que todo pasaría.
Continúe con mi vida, me interese en otras chicas pero luego, llegan las fiestas, la vuelvo a ver, cada vez más grande más hermosa y todo se vuelve a joder.
Era un ciclo rutinario, la veía me gustaba y se iba, me enfocaba en olvidarla estando con otras chicas, lo he hecho desde los 16 años, pues mi abuela tenía razón no podía mirarla de otra manera lo había dejado claro.
-Santi mi niño- me llamó hacia sus brazos justo después de que mi padre y el tío William discutirán al volver de la escuela
-¿Pasa algo abuela?- pregunte sentandome en sus piernas
-Lo que hiciste estuvo mal, no puedes ver Marena de esa manera, ni siquiera a Violeta o a Perla, ellas son tus primas debes respetarlas y cuidarlas- acarició mi cabello
-Mar es linda y no quiero que tenga novio por eso la bese- mencione y ella suspiro
-Eso está mal Santi, no puedes besarla, ni siquiera interesarte en ella, hay más niñas en el mundo, llegara la correcta para ti, a tus primas no las puedes ver de esa manera es incorrecto- aseguro
Después de esa conversación todo cambió en mi, era incorrecto verla como algo más, estaba confundiendo las cosas, la quería porque era mi prima no por algo más y lo había entendido o al menos eso quería pensar.
-¿Ya te vas? - la voz de la chica lleno a mis oídos cuando estaba por salir- Creí que podíamos pasar el resto del día juntos- se cómodo en la cama mostrando su cuerpo desnudo, no tenía mal cuerpo y de hecho era linda pero ya me sentía suficientemente jodido como para terminar de arruinarlo
-Tengo cosas que hacer- mencione- Te llamaré cuando esté libre para vernos- mentí y ella sonrio
-Estaré esperando tu llamada- sonrio- Tienes mi tarjeta en tu pantalón- sonreí con falsedad
-Gracias, es un lindo detalle de tu parte, nos vemos- mencione sin siquiera saber que decir por su atrevimiento y salí de la habitación, ni siquiera recuerdo cómo llegué a este hotel, sin duda el alcohol me había jodido, tal vez si esa castaña vuelve a joderme la existencia llamaría a esta chica, solo sería un tal vez.
Subí a mi auto que por fortuna había traído y conduje hasta la casa de mis padres, era alrededor de las 11 de la mañana, lo cual dejaba a todos despiertos y a mi con un regaño inevitable.
Entre a casa sin hacer mucho ruido para que no me descubrieran pero fue imposible cuando vi a mi madre parada en el pie de las escaleras con los brazos cruzados.
-Santiago Ivanov, ¿Qué hora son estas de llegar? - pregunto molesta- Tu tía esta por llegar y con ella sus hermosas hijas, ¿Porque apenas llegas? ¿Dónde haz pasado la noche? - oh por favor no me recuerdes ese punto tan crucial en mi vida, se acerco a mi y suspiro- ¿Has estado tomando? - pregunto y yo negue
-Me pase de copas ayer- mencione- Me duele la cabeza madre, por favor no grites- mencione y ella golpeó mi brazo
-¿Qué no grite? Joder yo no te traigo bebiendo como si fueras cantiflora, esto es solo las consecuencias de tus actos- tomo aire calmandose- ¿Porque bebiste tanto? - su rostro se ablando mostrando ternura en su mirada
-Me divertí con mis amigos, eso es todo, no lo volveré hacer madre lo prometo- mencione y ella suspiro
-Date una ducha, te prepararé el desayuno y un café cargado para que se te quite la resaca- acarició mi mejilla y dejo un beso en ella
-Gracias madre eres la mejor- sonreí y subí a mi habitación.
Apenas y entre fui al vestidor, saque mi ropa y la coloque en el sesto de ropa sucia para después entrar al baño, deje que el agua fría corríera por mi cuerpo, no necesitaba un baño de agua caliente ahora, debía despertar, saber lo que se venía encima con la llegada de los Adams, sabía que no podía esperar nada bueno, de hecho sabía que mi estabilidad emocional terminaría al verla.
Una ves me sentí más despierto cerre las llaves de la ducha y tomé una toalla colocándola en mi cintura y fui hasta el vestidor donde saque ropa limpia.
Comencé a vestirme y regrese a mi habitación, me senté en mi cama y suspiré al ver el cuadro que estaba en mi mesita de noche, era una donde estaba Marena a mi lado, ambos éramos pequeños, de hecho no recuerdo cuando la tomaron pero solo sabía que se veía preciosa con ese vestido amarillo y sus moños del mismo color, era su fiesta de cumpleaños número 7 justo antes de que la besara por primera vez.
No podía seguir haciendo esto, Mar no podía tener el mismo poder en mi cada vez que quisiera, era mi prima, no podía pasar nada, la abuela Florencia tenía razón, esto estaba mal y no podía pasar nunca.
Tenía que olvidarla aún cuando nada hubiera pasado entre nosotros, quite el cuadro y lo meti en uno de los cajones, y salí de mi habitación para ir con mi madre, todos estaban en el jardín esperando cuando llegaran, salude a todos y me senté a un lado de Daniel y Emma, mi madre regreso con un plato de chilaquiles rojos y un café bien cargado.
-¿Quieres matarme madre?- pregunte al ver que me había traído comida picosa y ella sabía que no toleraba mucho el picante
-Yo no te traía bebiendo como embudo, eso te ayudará con la resaca- aseguro y yo bufe
-Claro como después me dará gastritis olvidaré mis demás dolores- rodé los ojos haciéndolos reír, por lo menos me tomaría el café.
O eso creí hasta que la vi entrar con su familia, Violeta y ella eran muy parecidas, fácilmente podían cambiar de lugar si así lo quisieran, no entrar en un examen de la otra, cambiarse el novio o algo por el estilo, pero yo conocía a Mar a la perfección.
Se veía tan linda, su cuerpo había cambiado, ya no quedaban rastros de aquella niña de la que me enamore, ella podía tener pareja y eso hizo que mi sangre ardiera con solo pensarlo, porque joder, no quería que tuviera novio, no quería que nadie la besara o la tocará.
Estaba jodido y lo sabía, pero debía dejar de lado todo pensamiento hacia ella, todo lo que siento al verla debe terminarse, no puedo ni debo tener nada con ella y lo mejor es que sea feliz con alguien más, aún cuando ese pensamiento me mate.