—¡Ayudaaa! Por mas que mis manos se movían, no podía zafarme de las sogas, lo único que estaba logrando era aumentar la sangre y el ardor en mis heridas. Cuando estaba por hacer la mas grande estupidez que justo había visto en una película, la puerta de la habitación en la que estaba se abrió de golpe, dejando entrar un destello de luz, al mismo tiempo que José entraba. —¿Cómo te sientes? —preguntó mientras caminaba hacia mí, con un bloc de notas de colores. —¿Qué te gustaría que escribiese hoy? Huuuuum… ¿Qué te parece esto… “Verónica, hoy luces radiante, aunque el sudor y las manchas de sangre que están en tu rostro te hagan lucir un poco mas ruda de lo que realmente eres” oh que te parece este otro… Cuando estaba por hablar, me miró y se acercó más aún. —Un poema sobre lo lindo que

