Un deseo

592 Words
La tarde pintaba bien para Cassie. El día transcurrió sin problemas y más que nada sin asomo de Jonas. Se había encargado de darle tanto trabajo que hasta tendría que almorzar en la oficina. No quería tenerlo cerca. Él era un peligro para su consciencia y su cuerpo. ¿Cómo es que en dos días había logrado besarla? Ella se había lazó a su boca sin reparos y sin pensar. Ese fue el problema. «No pensaste», se gritó. Él despertó en ella un cosquilleo de anticipación que no había sentido en largo tiempo, incluso al término de la relación con su ex olvidó esa emoción, esas ansias y el corazón acelerado. —¿Blake? —Era Frédéric Bourn, el dueño de la empresa. —Señor —lo saludó de inmediato levantándose de la silla—, ¿qué puedo hacer por usted? —Primero deja de llamarme usted como si te llevara el doble de edad. —Sonriente, se acomodó y le indicó que hiciera lo mismo—. Segundo, tengo una cena esta noche en mi casa y me encantaría que pudieras asistir. Cassie estaba harta de rebotarle invitaciones a Frédéric. Él no estaba acostumbrado a ser rechazado por una mujer. Entrado en los cuarenta y pocos, era un hombre de muy buen ver. Tenía el pelo oscuro con comienzo de unas pocas canas escarlatas, que solo lo harían parecer más atractivo y misterioso. Poseía una bonita sonrisa, de no ser por el amarillo en sus dientes por fumar. Era un tipo tranquilo y ecuánime, buen jefe y un buen padre. Ella reconsideró el ofrecimiento. No podía ser tan malo asistir a una fiesta privada. A fin de cuentas, Frédéric nunca se pasó de contento en ningún sentido. Aun cuando trabajaban juntos hasta tarde, se comportó como todo un caballero. —Tienes muchos años conociéndome, Cassie, sabes que no haría nada con lo que no estuvieses contenta. Voy a hacer un anuncio importante. —Se levantó de la silla y se encaminó a la salida—. Trata de asistir. Se aceptan acompañantes, así no te sientes tan sola e incómoda. Él la conocía bien o al menos sabía que ella se sentía incómoda al aceptar cualquier proposición de su parte que no fuese de trabajo. Sin pensarlo dos veces, marcó el número de Jonas. —¿Sí? —respondió al instante. —¿Así saludas a todos? Tendré que entregarte las políticas y costumbres de la empresa… —Tengo identificador de llamadas, señora Blake —la interrumpió. Ella guardó silencio un momento para no dejar que su voz le temblara por la vergüenza. Cuando se recompuso, le dijo: —Necesito que me acompañes esta noche a una cena en casa del señor Frédéric Bourn. Ya lo había dicho. Estaba hecho. Lo peor que pudiese pasar era ser rechazada. Después de todo, ella no sabía si él estaba comprometido con alguien o si tenía una relación con alguna rubia despampanante. Su paciencia se agotaba en los segundos que él tardaba en responderle. —Necesitaré salir temprano entonces. Pasaré a buscarte. ¿A qué hora es la cena? Cassie le dio todos los detalles y pormenores. Su corazón se le subió a la garganta. Después de agradecer que aceptara asistir, se despidió confusa. Acababa de invitar a su perdición a una cena que acabaría bastante tarde. Lo invitó a pasar una velada delante de todas las personas que conocía de la empresa y muchas más. Todos sabrían que le gustaba el nuevo encargado de compras. ¿En qué lio se había metido?
Free reading for new users
Scan code to download app
Facebookexpand_more
  • author-avatar
    Writer
  • chap_listContents
  • likeADD