Desde la distancia observo a Arlette tomando el Sol en uno de los camastros y aunque desearía tumbarme a su lado, lo cierto es que tampoco quiero hacerla enojar como hace un rato, por lo que sin perderla de vista continúo bebiendo de mi mojito. De un momento a otro se levanta para entrar a la piscina cuando un hombre alto, moreno, con músculos en todo su cuerpo se acerca a mi mujer con una sonrisa que él considera sensual, pero que a mí me incita a querer borrársela de su rostro con mi puño. Me levanto de mi asiento y cuando llego junto a ellos alcanzo a escuchar como ese infeliz está invitándola a tomar una copa. —Para tu información esta mujer con la cual estás coqueteando está casada —intervengo con un gruñido—, en caso de que no te hayas dado cuenta, este anillo lo demuestra —tomo l

