Narrador Meses después En la oscuridad de la estancia, tres pares de ojos observan con el ceño fruncido como las manecillas del reloj se mueven lentamente anunciando que la dueña de la casa llegará tarde, algo nada habitual en ella y como si estuviesen coordinados, tres suspiros resuenan en las cuatro paredes de dicho lugar. —¿En verdad crees que es correcto hacer esto? —cuestionó uno de ellos al resto de sus acompañantes. —Claro que es lo correcto —aseguró el otro con tal determinación que casi convenció al primero de ellos. —Yo no estaría tan segura. ¿Y si se molesta? —inquirió con un leve susurro la otra persona. —¿Y por qué habría de enojarse? Solo estamos preocupados por ella. Después de ese pequeño intercambio de palabras, las tres personas guardaron silencio y, como si fuesen
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