CAPÍTULO | 08

1067 Words
​—Por favor Chloé, no nos hagas daño —dije, con la voz completamente rota, buscando la mano de mamá a ciegas mientras los dos hombres avanzaban —. Chloé, por favor, para esto de una vez, todavía podemos hablarlo entre nosotras como las amigas que somos. ​—Mila, escúchame bien —me dijo Chloé, acercándose apenas un paso hacia donde nos encontrábamos, con una suavidad perturbadora que no encajaba para nada con la violencia de lo que estaba pasando en éste momento—. Sé perfectamente que todo esto no tiene ningún sentido para ti todavía. Pero llevo largos meses preparando esta noche, desde el mismísimo primer día en que te conocí en la universidad, mis primos quedaron encantados contigo cuando te vieron en la conferencia y también sé que ya no habrá vuelta atrás para ninguna de las dos. Mamá dió un paso firme hacia atrás para interponerse por completo entre mi cuerpo y los dos desconocidos, manteniendo los brazos extendidos a ambos lados —¡Alejense de mi hija! ¡No la van a tocar a ella, primero van a tener que pasar por encima de mí, se los juro por Dios! ​Entendí de golpe que no había ningún lugar hacia donde correr en éste espacio tan reducido. Chloé y los dos hombres corpulentos ocupaban por completo el único paso que conducía hacia el resto del departamento, y a mi espalda no había más que la pared fría de la cocina y la ventana cerrada sobre el fregadero. Retrocedí lo poco que el espacio me permitía, con la espalda de mamá pegada a mí, sin ningún lugar seguro hacia dónde huir para ponernos a salvo. ​Chloé sólo sonrió y algo en su rostro cambió de golpe, como si la poca paciencia que le quedaba se le hubiera terminado de un momento a otro, sin ningún tipo de aviso previo. Levantó el arma con una mano y cerró la distancia que nos separaba con dos pasos largos, caminando directo hacia donde mamá seguía plantada frente a mí como un muro protector que se negaba rotundamente a moverse. ​—Ya fue suficiente de explicaciones, señora LeBlanc —dijo, con una voz helada que no reconocí como la de mi mejor amiga —Agarren a la señora LeBlanc y ponganla de rodillas. Los hombres que en ningún momento habían dicho una sola palabra hicieron lo que ella ordenó. De un jalón mi mano soltó la de mi mamá, quise tomarla de nuevo pero Chloé me apunto con la pistola. ​—¡Por favor Chloé, te lo suplico! —implore, sintiendo cómo el pánico absoluto me cortaba la voz a la mitad. —Ella debe morir Mila, para que tú puedas ser feliz con mis primos. —Chloé por favor —pedí una vez más pero ella me ignoró. ​El sonido ensordecedor que siguió inmediatamente después no se pareció a nada que hubiera escuchado antes en toda mi vida; fue un estruendo seco y violento que rebotó contra las paredes del departamento entero y me dejó los oídos completamente zumbando, como si el mundo entero se hubiera apagado de golpe a mi alrededor. Vi el cuerpo de mamá desplomarse hacia adelante, cayendo con una lentitud aterradora que no correspondía a la velocidad real de las cosas, y sentí un grito desgarrador salir de mi garganta, un sonido desgarrador que no reconocí como propio en ese instante de puro horror. ​—¡Mamá! —el grito se me escapó entre sollozos, mientras me lanzaba desesperadamente hacia ella, cayendo de rodillas junto a su cuerpo inmóvil sobre el piso de madera, sacudiéndola suavemente por los hombros como si ese gesto desesperado pudiera devolverle la vida de algún modo—. ¡No, no, por favor, mamá, despierta, por favor despierta y habla conmigo! Grité otra vez, y otra más con todas las fuerzas de mis pulmones, hasta que unas manos me sujetaron con dureza por los brazos, levantándome del suelo con una fuerza descomunal contra la que no pude luchar de ninguna manera, arrancándome de su lado mientras yo pataleaba descontroladamente y me retorcía en el aire, tratando de aferrarme a algo que ya no estaba ahí para sostenerme. ​—¡Suéltenme! —grité llena de furia y dolor, retorciéndome contra el pecho firme del hombre que me sostenía, clavándole las uñas con desesperación en los brazos, pateando hacia atrás sin lograr golpear nada en concreto para liberarme—. ¡Suéltenme, por favor, suéltenme de una vez, se los suplico por lo que más quieran! ​Traté de zafarme una y otra vez con rabia, pero el agarre despiadado no cedió. El otro hombre se acercó entonces con paso rápido y sentí un paño húmedo y profundamente frío cubrió mi nariz y mi boca de golpe, desprendiendo un olor dulzón y pesado que me nubló la vista casi de inmediato. Luché con rabia contra el cansancio repentino que me invadía con todo lo que me quedaba de fuerzas, pataleando, retorciéndose mi cuerpo, tratando inútilmente de zafarme de los brazos que me sostenían sin tener ninguna piedad de mí, buscando con los ojos entreabiertos el cuerpo inerte de mamá sobre el piso entre las sombras que empezaban a difuminarse frente a mí poco a poco. ​Encontré a Chloé parada junto a la barra de la cocina, con el arma todavía colgando de su mano derecha, observando toda la escena con una expresión indescifrable que no lograba asimilar entre la densa neblina que ya me envolvía por completo. No se había movido ni un solo centímetro desde que apretó el gatillo con tanta frialdad, ni siquiera cuando el disparo terminó de resonar por todo el departamento como un eco trágico que se negaba a apagarse. Tampoco había apartado su mirada del cuerpo de mamá tendido sobre el piso ni un solo segundo. ​—Lo siento tanto, Mila —fue lo último que alcancé a escucharla decir en un susurro, con una voz grave que sonaba extremadamente lejana, casi ajena a la trágica escena que ella misma acababa de construir con tanto cuidado y frialdad —De verdad lo siento mucho, aunque sé perfectamente que mis palabras ya no importan nada a estas alturas de la noche, además, cuando despiertes, Kael y Kai estarán para tí, ellos serán tu nueva familia. Todo mi mundo cayó en una completa y absoluta oscuridad.
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