Deseo que los demás también sean felices. Quién sabe, la vida podría ser mucho más agradable si todos en el mundo fueran felices. Mis pensamientos se desbaratan cuando Andréi se levanta de repente y me pregunta si voy a comer con él. No tengo tiempo para quedarme pensando demasiado sobre esa rara oportunidad, así que asiento con la cabeza y respondo afirmativamente. —Si eso es lo que quieres. ¿Deberíamos? Andréi lanza las llaves del coche hacia mí. —Quiero algo caliente. ¿Y tú? Martín me preparó el desayuno esta mañana y lo comí con ganas, pero no creo que pueda comer mucho más. Pero ya he dicho que sí, y no es momento de quedarme dudando sobre qué comer. Decido que la respuesta no tiene que ver con el menú, sino con el momento, así que agarro a Andréi por la muñeca y le sonrío. —Lo

