Camila tomó aire y habló con suavidad, intentando transmitir todo lo que sentía. —Ah... Lo digo, no como tu secretaria ni como tu amiga, sino como una mujer que te admira —le dijo, mirándolo con un afecto contenido, casi como si lo observase en secreto mientras trabajaba—. Andréi… A partir de hoy, empezaré a dejar de amarte. El silencio en la habitación era ensordecedor. ¿Qué esperaba ella? ¿Quizá una expresión de sorpresa en su rostro? En el fondo, esperaba ver algún tipo de reacción tras confesar aquello, pero, más importante que eso, lo había logrado. ¡Lo había dicho! *¡Bien hecho, Camila! Libérate del amor unilateral y vive bien*, se repetía. Ahora que él sabía de sus sentimientos y ella los dejaba ir, por el bien de su amistad y su relación de empleador y empleada, ya no había razón

