Mi cabeza se siente pesada. No pude abrir los ojos para cerrar la alarma humana que sigue gritando, diciéndome que me despierte. Gimo cuando algo frío se arrastra por mi pierna. ¿Qué demonios? Apuesto a que este pequeño demonio está tramando algo. —C.A.M.I.L.A... ¡Despierta! La voz de Martín siempre ha sido molesta, pero esta vez suena cien veces más irritante. Quiero agarrarlo por el cuello y que se coma mi puño. Lamentablemente, no puedo. Mi cuerpo aún no tiene ganas de separarse de la cama. Además, quiero dormir más. —Déjame en paz, Martín. Tu hermana necesita un descanso de belleza —murmuro mientras entierro mi cara en la almohada. —Déjame sola, por favor. Es raro que suplique, pero necesito dormir más en este momento. Eran alrededor de las 3 de la mañana cuando pude dormir,

