Aunque las instalaciones del edificio estaban bien mantenidas, era inevitable que ocurrieran cortes de electricidad ocasionales durante calamidades naturales, como los tifones. Por esa razón, Camila siempre tenía velas y luces de emergencia a mano. Desde su infancia, guardar muchas velas y fuentes de luz se había convertido en un hábito, ya que odiaba la oscuridad debido a su claustrofobia. Encontró una caja de velas perfumadas y, pensando en la idea de cena romántica de Dylan, eligió unas de aroma a lavanda. Volvió a la cocina con la caja y comentó, —Voy a buscar unos vasos para poner las velas. Dylan asintió, observándola mientras ella colocaba la caja sobre la encimera y seleccionaba el vaso perfecto para sostener las velas. Una vez listas, se sentó con las velas encendidas en la mes

