—¡Aw! —¡Ay! Ambos nos retorcemos de dolor: yo, por mi labio sangrante que mordí accidentalmente, y Dylan, por las... consecuencias de mi ataque a sus partes más sensibles. —¿Qué... qué crees que estás haciendo? —Dijo mientras saltaba del sofá, su rostro rojo de indignación. —¡Te dije que no me besaras sin preguntar primero! ¡Casi me matas asfixiada! Estamos en lo que parece ser una oficina, el estilo blanco y n***o le da una vibra minimalista, y aunque me gustaría apreciar el diseño del lugar, tengo cosas más importantes en la cabeza. Como pedirle a este hombre, que ahora cojea mientras camina hacia el sofá, que se siente. —¿Te duele? —Le pregunto mientras me paso la lengua por el labio sangrante, mis ojos fijos en su mano sosteniendo cuidadosamente su entrepierna. —¿Qué piensas?

