Dylan se ríe y se detiene frente a la puerta. —Aunque no lo cepillaste, tu cabello quedó perfecto. No te preocupes, eres alguien a quien quiero esconder dentro de mi bolsillo, simplemente porque estás demasiado sexy con ese vestido—, susurra mientras mordisquea mi lóbulo de la oreja. Un ceño fruncido cruza mi rostro al instante. —Para. No te gustará cuando siga tus pequeños trucos—, murmuro mientras mi mano se desliza por su muslo—. No podemos permitirnos perdernos este evento. Tampoco es que puedas hacer mucho en tu estado actual. Necesito mantener mi determinación firme o sus movimientos seductores nos llevarán a algo que definitivamente no deberíamos hacer en este momento... Como la vez que casi gritó cuando presioné —accidentalmente— mi rodilla en su muslo herido mientras nos besá

