Toqué aquel frío metal sabiendo que todo acabaría, para bien o para mal. Entonces los barrotes se rompieron dejándome volver al paisaje de antes, aunque esta vez, todo estaba más apagado, más deprimente. Me acerqué a la orilla, quería ver por última vez aquel perfecto paisaje. Sumergí mi muñeca en el mar y miré mi reflejo, estaba cubierta de una arena marrón. Observé mi rostro unos segundos, estaba creciendo, lentamente, pero lo hacía. Supongo que era más algo psicológico, pero aun así lo sentía. Fui a meter la cara para limpiarme, pero un ruido me interrumpió. —¡Lia vuelve! Miré al frente, al fondo de aquel océano había una figura maximizada, era Harry. Gritaba una y otra vez lo mismo, sin cansarse, creyendo que conseguiría que volviese. Me quedé inerte unos minutos, observando el rostr

