Esa noche. Caí durante horas, en un profundo sueño; producto de las grandes cantidades anestesia, y el cansancio de mi adolorido cuerpo. Irónicamente. Dormir era lo última cosa que deseaba hacer, cuando mis ojos comenzaron a cerrarse, y mi mente divagó por un instante. Desde un principio. Tenía en claro, lo peligroso, y contraproducente que podía resultar. Quedarme dormido demasiado tiempo, en ese estado. Corría, muchos riesgos. Cabía la posibilidad de despertar nuevamente, en el interior de una cámara de recuperación a la mañana siguiente. También estaba presente la posibilidad, de no despertar por meses o, simplemente ¡el no despertar nunca! –Will, Will...– sentí un incesante movimiento, en el hombro. – ¿Que sucede? – desperté, bostezando. –Ya estoy aquí– dijo Alika, moviendo

