Capítulo 36: Dandose su lugar Cuando bajó de la camioneta y empezó a desenganchar las cosas, me dijo a que no volvería a trabajar con los animales, que ahora debía dedicarse a cosas más ligeras, como ordenar el vestuario y, claro está, aparecer en el desfile todas las noches. Lo miré con el ceño fruncido. —Pensaba que te alegraría no tener que trabajar tan duro —dijo él— ¿Qué es lo que te parece mal ahora? —¿Por qué has esperado hasta esta hoy para aligerar mis tareas? —Por ninguna razón en particular. —¿Seguro? —¿Qué estás pensando? —Me siento como una prostituta a la que están pagando por los servicios prestados. —Vaya ridiculez. Había tomado la decisión antes de que nos acostáramos juntos. —Dije que me ocuparía de las fieras y eso es lo que haré. —Y yo te digo que no tienes

