Leopoldo estando sentado en presencia de sus tres hijos mientras disfrutaba de su puro quedó un silencio sepulcral, simplemente llevaban sus miradas del uno al otro, luego de aquellas palabras que salieron de la boca del rey de la mafia, Tomaso se sentía seguro y alardeaba de su nombramiento que aún no se había hecho realidad. Leonardo mantenía la calma, mientras que su hermano mayor saboreaba el triunfo; quién tenía la cara larga y no podía ocultar su enojo era Alessandro, con el ceño fruncido y la mandíbula tensada observaba de muy mala manera a sus dos hermanos. —¡Basta Alessandro!, deja de hacer esa mala cara, eres un buen muchacho y estoy completamente seguro qué vas a trabajar arduamente tal y cómo lo hiciste cuando yo estaba en la cima del negocio —Leopoldo colocó su mano sobre el

