Tania estaba muerta de miedo, no podía evitarlo. Le habían facilitado vestimenta negra, de pantalón y suéter manga larga, así como botas, guantes y pasamontaña. Se sentía una delincuente con todo eso puesto, pero también, por los cuchillos, el revólver y las granadas que colgaban de su cintura. Había pasado días con Lucas y su equipo planificando el ataque y entrenando para afilar sus instintos. En ese tiempo se mostró tan torpe e insegura como lo había sido siempre, no confiaba en sus poderes recién descubiertos para sobrevivir, presentía que algo terrible ocurriría en ese lugar. Lucas intentó alentarla en todo momento. El resto del equipo, en cambio, la veía con rabia y decepción. El éxito de la invasión dependía de sus capacidades, pero estas parecían haberla abandonado. Eso la fr

