Al despertar, sintió un leve dolor de cabeza. Había soñado con perros furiosos que la perseguían para clavar sus filosos dientes en ella. Se sobresaltó al ver a Lucas a su lado. La observaba con seriedad. —¿Cómo te sientes? Ayudada por él, se sentó sobre la mesa de hierro. —Creo que voy a vomitar —dijo. Cerró los ojos y se sostuvo la cabeza con una mano para esperar a que le pasara el mareo. —Si puedes, hazlo. Eso te ayudará a sentirte mejor. Tenemos que salir pronto de aquí. Enseguida todos los recuerdos cayeron en su mente. Comenzó a mirar nerviosa cada rincón. Buscaba algún rastro de sus captores. Los dos hombres que la habían apresado y el que le colocó la inyección, estaban en el suelo, inconscientes. El musculoso y el rubio ayudaban a la mujer que viajaba con ellos a sacar

