Estaba tan descompuesta que comienza a sudar frío y la sensación de muerte inminente le recorre el cuerpo con más fuerza que la misma sangre.
Un ataque de pánico. Aquí. Ahora. Fantástico. Se quedó dentro de un sanitario sentada rezando que esa sensación se fuese pronto, aunque ansiaba pedir ayuda dudaba que alguien allí le tendiera la mano. Ruth no estaba allí ese día y probablemente todos confundirían su comportamiento con un antojo por una hamburguesa o algo tan burdo como eso.
Cuando sintió que su sistema comenzaba a normalizarse salió a beber algo de agua, mojar su cuello, muñecas y sienes. Salió del baño y vio el reloj gigante con el que cuenta el gimnasio. Habían pasado tan solo diez minutos, horribles diez minutos.
Supuso que si volvía a casa el sentimiento sería peor, en casa estaría sola con sus pensamientos. Al menos aquí podría concentrarse en los regaños de Gael.
Nuevamente subió hasta las trotadoras, esta vez sentía que sus pies cargaban mucho más peso del que la balanza afirma hacen y debió subir lentamente afirmándose en la barra del costado con ambas manos.
Gael la observaba desde abajo decepcionado. “Tres meses y es incapaz de subir una escalera sin sobresfuerzo”—pensó. Tenía los brazos cruzados denotando una disposición a la defensiva. La vio llegar hasta las trotadoras y dejó de prestarle atención.
Minutos después se escuchó una conmoción desde las trotadoras. Los clientes de ese sector hablaban de que alguien se había caído. Gael subió corriendo ligero, temiendo que todo el escándalo fuese culpa de la incompetencia de Lidia.
Y así era. Lidia intentaba pararse por su cuenta, pero al parecer se había lastimado un tobillo. Gael no tuvo la misma agilidad de hace un minuto para acercase a ella, más bien prefirió estudiarla desde lejos. Ver como la desdichada se esforzaba por volver una vez más a la trotadora y caer nuevamente. Solo entonces se acercó para detener esa ridiculez
—Basta—espetó seco. Le echó una mirada rápida a Lidia y notó lo hinchados que estaban sus ojos. Le extendió la mano para ayudarla a ponerse de pie, pero ella lo ignoró y se arrastró hasta la esquina más cercana, metió su rosto dentro de la camiseta y comenzó a llorar desconsoladamente.
El encargado llegó a presenciar la escena y le solicitó a lidia irse. Ella lloraba tan fuerte que no podía escuchar la voz de nadie más que la propia hipando y gimiendo desconsolada. El encargado miró a Gael, se encogió de hombros y bajó a ordenar que subieran a tope el volumen de la música.
La idea de que tal vez lidia se había lastimado muy fuerte el tobillo lo mantuvo expectante lo que la chica pudiera hacer. Se quedó allí inmóvil los veinte minutos que duró —a sus ojos— la “rabieta” de lidia. La vio tomar una esquina de su camiseta y limpiarse la nariz con ella. Mas que en ese gesto asqueroso se quedó con la imagen de que esa camiseta era innecesariamente más amplia de lo que lidia parecía necesitar para cubrir su cuerpo.
Cuando sus ojos echaron un vistazo alrededor y algunas clientas están murmurando con pequeñas risitas entre sus comentarios. Grabaron a lidia en aquella situación sin un gramo de empatía en lo absoluto. Gael mira el sitio que ocupa lidia en el piso y ve el ánimo general, no sabe de dónde se forma una pregunta que jamás se había hecho tal vez en su vida.
Cuando se volvió todo el mundo tan indiferente al dolor ajeno… o cuando fue que él se empezó a interesar en el bienestar de Lidia.
Al fin lidia cae en cuenta de que está siendo el centro de una escena que distrae a todos los presentes. Llama a Gael en un hilo de voz, con la fuerza que le queda para hablar le pide cortésmente que la ayude a bajar las escaleras. Una vez abajo caminan hasta los casilleros, ella toma su pequeña mochila y se despide de Gael. Caminando más lento de lo que quisiera llega hasta la puerta de vidrio de la entrada, le cuesta el alma empujarla y salir.
Fuera hay un día excelente. El sol brillante y el cielo despejado parecen golpear en el rostro a Lidia, parece que nadie ni nada estará tan gris como ella este día. Definitivamente no debió dejar que esa felicidad pasajera le hiciera pensar que todo sería mejor o al menos diferente.
Gael seguía mirando la entrada, aunque Lidia ya había abandonado el sitio. El encargado aparece con el control del equipo de sonido en la mano, mientras le baja el volumen con intención de cruzar palabras con Gael.
—Espero que no renuncie. Nos venía bastante bien el dinero— soltó con ligereza dándole un pequeño codazo de complicidad a Gael.
Podría haberse pensado que las palabras del encargado movieron a Gael a tomar la decisión de salir en su búsqueda. Pero estaba claro que decir que es la que más paga por menos atención no era su motivación, aunque tampoco sabía cuál si lo era.
No a mucha distancia fuera la ve sentada en el paradero llorando en silencio, está apoyando la cabeza en uno de los postes. La calle es muy transitada. Gente va y viene sin parar, pero nadie se ha preguntado qué le pasa, ni siquiera por curiosidad.
Meses atrás Lidia le había confesado: “pesar del espacio que ocupo estoy acostumbrada a ser invisible…”
Esas palabras empiezan a tener significado ahora.
Gael se sienta junto a ella, nota que está hipando y trata de contenerlo. Los ojos se van a las piernas claras de Lidia expuestas gracias a los biker shorts que suele usar. Intenta diagnosticar la gravedad de la lesión de su tobillo, mira ambos y solo nota que son bastante angostos, y que enfocándose solo en ellos poco se notaría toda la conmoción que ocurre más arriba.
Entonces entiende que esto no se trata del tobillo, hay algo más en el fondo. Sobre todo, considerando que hay una clínica casi a la vuelta de la esquina.
Lidia voltea y ve la cara de Gael preocupado, la misma cara de espanto que ponía cuando ella tomaba mal los implementos. O solo era capaz de hacer tres sentadillas sin sentirse fatal.
— ¿Sucede algo? Preguntó Lidia, tratando de sonar serena.
Gael le miró con severidad
—Yo debería haber preguntado eso —le contesta dejando entrever algo de preocupación.
—No entiendo— dice lidia girando la cabeza para no verlo más. Cada gesto en su rostro le remueve un poco el corazón y empuja las lágrimas hasta sus ojos.
—Pensé que tú tobillo estaba muy mal y por eso tenías esa cara...pero parece que es otra cosa.
—Si, no es nada relacionado con el gimnasio. Así que no tienes que preocuparte, nadie va a regañarte o algo por el estilo.
Lidia empezó a jugar con sus dedos nerviosa, calculando los segundos que tardaba el en levantarse e irse, pero no sé. Fue. siguió hablando.
— ¿Qué es entonces? Parece ser grave…
—No lo es, solo me afectó más de la cuenta. Eso es todo, tiendo a exagerar a veces…
Tres meses y él ya sabe que no es así, siempre le baja el perfil a todo diciendo que “exagera”.
— ¿Y que es entonces? Pregunta de nuevo. Ignorando las últimas palabras de lidia.
Ella no tiene fuerzas para verbalizarlo, sencillamente toma su teléfono y le muestra la imagen
Camilo dice: si, he visto las fotos que ha puesto en su perfil, seguramente están retocadas. Sabes que una gorda del tamaño de Lidia no dejaría de tragar por nada del mundo.
¿Te dije que tiene las tetas caídas? —Agrega— No tiene hijos y ya luce como una si hubiese amamantado una camada completa
Lidia en un hilo de voz le da un poco de contexto, es mi ex, está hablando de las fotos que me hiciste la semana pasada…
Gael apretó los puños sin decir nada, lidia volteó la cara, él tiene razón...si están caídas—sonrió con tristeza— estaba haciendo esto para recuperarlo...pero conforme más adelgazo más flácidas y sin relleno van a verse…
Sonaba como si estas cosas que había estado haciendo no tuviesen la más mínima importancia, pero, al contrario, en un puñado de palabras Camilo había logrado ponerla en el mismo sitio donde la dejó al terminar con ella. Por un segundo sopesó la idea de abandonar su casa e irse a vivir con basura igual de despreciada como ella.
Guardó su celular y extendió el brazo para detener un coche.
—Ya me tengo que ir. Bye.
Cojeando subió al auto y se fue. Gael se quedó helado. Luego comenzó a recuperar temperatura conforme la ira le subía hasta las sienes.
¿Así que ella se ha privado de comer lo que la hace feliz y ha dejado que yo la haga sufrir con ejercicios extenuantes por un tipo que se refiere así de ella? Quiso golpear algo y de pronto cayó en cuenta de que el seguramente era igual...de hecho la razón por la que comenzó a conocerla fue simplemente por su dinero.