La melodiosa voz de Brenda inundó el interior del auto, no voy a negar que su simplicidad y particular tono de voz me hicieron sonreír muy apenas y olvidar por unos segundos la tristeza que me embargaba y de la que era preso. —¿Cómo estás hoy, querido? —inquirió con dulzura. —Bien —mentí, me deshacía por completo, pero tenía que verme fuerte, ¿Cómo un hombre puede aceptar que está mal en frente de alguien más?, traté de fingir un tono de voz para acompañar la reacción—, muy bien gracias, ansioso, quiero empezar a trabajar para que todo esté listo cuanto antes… —Se nota que estás muy animado —comentó con sarcasmo—. No me mientas, Alán. No hay ninguna necesidad. Lo preguntaré de nuevo ¿cómo estás? —Pues… —suspire— No tan bien cómo quisiera, la verdad Brenda. —Estoy rumbo a un café, ¿

