Janine estaba repasando las notas de los periodistas que Bonnie había dejado sobre su mesa. Ahora que la crisis en Dermont había empeorado, algunos de los mensajes eran de medios nacionales y tendría que responder rápidamente. Estaba a punto de hacer una llamada cuando Bonnie entró en su despacho con el ramo de flores más grande que había visto nunca. –¿Qué pasa, tienes alergia? –le preguntó. –¿Alergia a qué? –A las flores. ¿Por qué las traes aquí? –Porque son para ti –contestó Bonnie. –¿Las flores de recepción son para mí? –No son las flores de recepción, son para ti. Te las ha enviado alguien – rió la joven, señalando una tarjeta–. Toma. Janine miró el sobrecito blanco. ¿Serían de Tom Dermont, para darle las gracias por su trabajo? Un poco pronto para dar las gracias, pensó. Pero

