Nikolai contuvo el aliento. —¿Estás segura de esto? Karenina pasó su mano por la erección y su lengua por la punta. —Muy segura. Ella apretó su cadera con las manos y lo acercó a su boca. Nikolai, inmóvil, observaba cada uno de sus movimientos, y su respiración se mantuvo agitada en el aire húmedo. El agua goteaba del cabello de Karenina sobre su rostro, pero ella no apartó la mirada de los ojos de Nikolai mientras se inclinaba y asomaba la lengua. Su lengua, suave y caliente, trazó la punta de su pene, haciendo que Nikolai soltara un gruñido profundo. Karenina se lo llevó a la boca con lentitud y saboreó la carne húmeda y salada, y el calor palpitante. Sus labios se cerraron alrededor de la base, succionando con un ritmo experto que hizo que el cuerpo de Nikolai se tensara. Sus ma

