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3549 Words

Una bocanada de aire inflando mi pecho, de pronto extiendo los párpados, me levanto del frío suelo de la azotea, llevo la mano al pecho, siento mi corazón latir con normalidad. Aclaro la visión borrosa, algo me presiona, como unas tenazas cálidas, demasiado cálidas para ser verano. Presagiando el regreso, llevo la otra mano y acaricio el cabello. El cabello de Rosantina. La sordera se agota, nubes se desintegran, veo los rostros preocupados de los cuidadores, tres de ellos. Uno llenó un vaso de agua, me lo dio en los labios. No tenía sed, no tenía hambre, pero igualmente bebí. —¡Despertaste! —exclamó Rosantina llorando en mi pecho—. ¡Temí no volverte a ver! —Estoy aquí —susurré. No lo puedo creer... No puedo—. Estoy aquí contigo, nunca te hice daño... Estamos juntos. —¡Eh! —dijo un

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