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4122 Words

Mi universo era frígido, las constelaciones huían de mis versos exasperados en la azotea del sanatorio, el planeta sombrío me había dado la espalda. No lo entendía, ni cómo, ni cuándo llegué a este putrefacto lugar, a la prisión de los defectos humanos. Llegué a las once de la noche, me llevaron dos hombres con cara de asociales. Me empujaron a una estancia donde me esperaba el psiquiatra; tenía los dedos unidos formando una capilla a la altura de la nariz pequeña. Terminada la consulta, llené un formulario de acceso y me pidió antes de retirarme, dibujar un hombre bajo la lluvia. ¿Por qué me obligó a hacerlo si no quería? Es un estúpido dibujo, pero en fin, lo hice a complacencia del psiquiatra quien miraba el reloj de pared con apuro. —No tengo todo el día, caballero —me dijo alzando

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