Capítulo 3

1132 Words
Mi cuerpo dolía como jamás imagine, mis ojos pesaban tanto que no podía abrirlos, el sonido de las máquinas llegaba a mis oídos haciéndome saber donde estaba, mientras que una mano sujetaba la mia y la apretaba un poco, abrí mis ojos poco a poco para adaptarme a la luz. -Cariño me has dado un susto- mi padre acariciaba mi mano de manera suave- hija ¿Como te sientes?- pregunto realmente preocupado, el es un hombre de 48 años, desde que mi madre murió solo somos nosotros dos -Papá, me duele todo- mencione con las pocas fuerzas que tenía lleve mi mano instintivamente hacia mi vientre pero de cierta forma sentía un vacío- Mi bebé, dime que esta bien papá- mencione tratando de levantarme evadio mi mirada y en ese momento la puerta se abrió, Zafiro entraba por ella con una libreta en mano -¿Como te sientes Isa? - pregunto mientras me miraba con ojos tristes -Zafiro dime como esta mi bebé ¿Esta bien verdad? - pregunte aún con la ilusión de que fuera verdad -Doctora Greyson diganos la verdad- menciono Sergio entrando tras ella haciendo que se ganará una mirada de odio de su parte- ¿Mi esposa y mi hijo están bien? - pregunto pero no me importaba lo que pensaba en ese momento -Isa, lo siento mucho, pero el embrión era aún muy pequeño, los golpes que sufriste por la caída provocaron el desprendimiento de la placenta, no pudimos hacer nada, de verdad lo siento- toco mi mano libre mientras me miraba con los ojos llenos de lágrimas. Había dejado de escuchar desde el momento en que comenzó a hablar, las palabras entraron por mí corazón quedándose como dagas en el, las lágrimas salieron sin aviso. -No, no puede ser- un llanto desgarrador salió de mi garganta- Mi bebé papá mi bebé- sentí como sus brazos me rodeaban- me entere hace unas hora y luego lo pierdo- me aferre a sus brazos. -Isabella yo... - me aleje de mi papá notando que igual estaba llorando me puse de pie y nadie me detuvo, me acerque a pasos decididos hacia Sergio y mi mano chocó en su mejilla. -Te quiero lejos de mí, de mi vida, lárgate, no te quiero ver nunca mas- le grite con todo el odio del mundo- Tu fuiste el culpable, eres un traidor, quiero divorciarme de ti- comencé a golpearlo mientras las lágrimas seguían callendo- Te odio, te odio- no podía dejar de llorar de gritar todo lo que sentía por él, todo el amor que llegue a sentir por el se terminó desde el momento en que me entere de su traición. -Ven cariño- mi padre se acerco a mi y me llevó de nuevo a la camilla- Se que es difícil pero estaras bien, yo estaré contigo- sus palabras eran tiernas y lo volví a abrazar el era el pilar de mi vida, me hacía poner los pies en la tierra- Vete de aquí Sergio deja que se calme- escuche que soltó un suspiro resignado antes de escuchar sus pasos hacia la puerta de la habitación y cerrandola de golpe. -Isa, estoy contigo para lo que necesites- Zafiro me abrazo- No estás sola, mi esposo es abogado y si estás decidida en divorciarte puedo decirle que lleve el caso- se ofreció amablemente -¿Podrías decirle que me ayude? - pregunté sorviendo mi nariz- Quiero divorciarme, no quiero volver a verlo nunca mas, solo lo quiero lejos de mi- sentí su mano sobre mi pierna y asíntio. -Claro que si, trata de descansar, pedire tu alta para mañana- menciono y yo asentí tratando de calmar mi llanto, este había sido el golpe más fuerte que había sentido después de la muerte de mi madre hace 10 años. -Gracias Zafiro- mencione antes de que saliera. Mi padre se quedó toda la noche a mi lado, Andrea había venido a verme trato de hacerme sonreír pero simplemente yo no escuchaba, estaba perdida en cualquier parte del mundo, me sentía muerta en vida, sabía que venían enfermeras a revisarme, mi padre insistiendo en que comiera, Andy con sus ocurrencias para hacerme sonreír pero simplemente yo no sentía nada, mantenía mi mirada fija en un solo lugar. ¿Como puede ser la vida tan cruel? Había esperado 6 años para poder quedar embarazada y justo cuando lo logró me entero de la traición de mi esposo, de la persona que juro amarme en el altar, el único hombre en mi vida me había fallado, se llevo todo, mis ilusiones, mi felicidad, mi corazón y lo que más me podía se llevo mi bebé. Ese pequeño ser que acababa de conocer, solo unas horas antes lo había visto, lo había escuchado, me había enterado que llevaba una vida dentro de mi y ahora ya no había nada, ya no lo sentía en mi vientre, ahora me sentía vacía, no había tenido la oportunidad de conocerlo, de tenerlo en mis brazos, lo amaba, con toda mi vida lo amaba desde el momento que vi los resultados, y ahora había perdido al único amor sincero en mi vida. -Isabella... - escuche su voz sacándome de todos mis pensamientos- Amor escúchame- menciono Sergio mientras tomaba mi mano, cerré mis ojos ante su tacto y tomé varias respiraciones, no quería hablar, no quería hacerlo porque en el momento en que salieran palabras de mis labios no podría contenerme, todo el odio y resentimiento que sentía por él saldría y este no era el momento ni el lugar- Perdoname, se que es mi culpa, no debí haberte fallado, Isabella cielo, podemos solucionarlo, se que podemos, solo dame la oportunidad de remendar mi error- trato de acariciar mi mejilla pero voltee el rostro -Vete Sergio no quiero verte- hable tranquila pero aún así sentía dolor en mi corazón -Isabella... -Vete- hablé más fuerte- déjame sola no quiero ver a nadie, solo vete- mencione con odio el me miro con arrepentimiento y después de suspirar se puso de pie -Tendremos que arreglar esto Isabella porque no te pienso dar el divorcio- cerré mis ojos tratando de calmarme lo que Sergio hizo jamás se lo perdonaría, el ya no significa nada para mí, ya no es nada en mi vida, su traición dolía, le entregue 6 años de mi vida, mi juventud, creía que siempre estaríamos juntos que en algún momento tendríamos esa familia que tanto queríamos, y cuando por fin lo logramos, cuando quedó embarazada me entero que me engaña, y como si fuera poco había formado una familia antes con su asistente. Lo escuche alejarse y solo así me permito llorar, la situación me superaba, no estaba preparada para un golpe así, las ganas de vivir se fueron pero no podía dejarme vencer, no podía causarle ese dolor a mi padre.
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