Todo dolía, la respiración era algo que no podía controlar, escuchaba voces demasiado bajas a mi alrededor, tanto que no lograba distinguir que decían, todo era confuso extraño y daba miedo. De pronto simplemente me desconecte, ya no sentía nada, podía respirar normalmente, me sentía muy bien, de hecho mejor que nunca, por la excepción del lugar donde estaba. La iglesia había desaparecido y ahora me encontraba en un lugar completamente blanco, la luz brillaba con intensidad proveniente de un túnel, me acerque a la orilla dispuesta a entrar y llegar hasta ese lugar tan iluminado. -¿Porque estas aquí? Aún no es momento cariño- la voz de mi madre me hizo girarme, ahí estaba como la última vez que la vi, con su cabello suelto sus ojos carmesí mirándome con ternura y con sus brazos abiertos

