Matías Writers
Tenía todo listo, los documentos necesarios para el cambio de sede y lo necesario para registrar la empresa.
-No puedo creer que no hayas ido ni una sola vez a verme- Kim entro a mi oficina sin tocar, sabía que odiaba eso pero parecía no importarle
-He estado ocupado- respondí serio
-Siempre debes tener lugar para mi, voy a ser tu esposa- la mire por un instante, era linda y me volvía loco en la cama pero no sentía algo más por ella.
-Conoces bien la situación Kim, nunca te he mentido con eso- mencione regresando la mirada a la computadora
-Si, se que no sabes lo que es amar, no sabes lo que es sentir afecto por los demás, pero debes intentarlo, dos años tenemos en esta situación Mati, quiero algo más, un poco de romanticismo no estaría mal en esta relación- cerré los ojos tratando de calmarme
-Kim debemos darnos un tiempo, mira tengo que ir a Houston a resolver un asunto de trabajo, pensaré en todo y buscaré una solución- ella me miro como si no creyera en mis palabras- Déjame extrañarte estos días, déja que descubra yo solo lo que siento por ti- sonrió como si le hubiera dicho que mañana mismo nos casariamos
-Por supuesto que si Mati, te dejo trabajar ¿Te vas esta noche? - pregunto mirándome a los ojos
-Si, tengo que viajar esta noche, mis padres se fueron la semana pasada y tengo que alcanzarlos allá- guarde mis cosas y ella me dio un beso en los labios
-Entonces nos vemos luego Mati te amo- menciono con emoción de niña concentida y se fue, suspiré frustrado y de igual forma me fui.
Llegue a mi departamento, tome mi maleta la cual estaba lista, tenía todo lo necesario y salí rumbo al aeropuerto.
Al llegar a Houston me sorprendió el cambio de clima, aquí hace muchísimo más calor que en Toronto, ya vi la razón por lo que mis padres se enamoraron de esta ciudad.
Pedí un taxi para que me llevara hasta la casa de mis padres, no pude evitar impresionarme con la casa, era increíble, una mansión muy diferente a la que teníamos en Toronto, tenía un estilo más rústico, pero a la vez llevaba la elegancia de mi madre.
-Al fin llenas reptomin- menciono mi hermana viéndome entrar por la puerta
-No me quedaba de otra sapaman- respondí con una sonrisa
-¿Cuando será el día en que dejen de insultarse? - mi madre llegó hasta mi dándome un abrazo- He preparado tu habitación cariño- me dio un beso en la mejilla
-Gracias madre- me senté al lado de mi hermana- Tu orangutana dejame ver la televisión- me quite el control de las manos
-Claro que no Saltamontes yo la tome primero- me arrebato el control
-Di a luz a dos humanos, dejen de llamarse como animales- grito mi madre desde la cocina y mi hermana me sacó la lengua lo que me hizo sonreír
-Es increíble que parezcan niños- mi padre salió de una habitación que se encontraba en la planta baja, me imagino que es el despacho- Matías me gustaría hablar contigo- me puse de pie y asenti
-Tu dirás padre- me hizo señas de que lo siguiera al despacho y así lo hice entrando a la misma habitación de la que había salido minutos atras
-Estaba hablando con el padre de Kim, ellos tienen hoteles en América latina y más que nunca necesitamos esa alianza en las familias- lo mire confundido
-¿Puedes ser más claro? - bufé un poco molesto, tenía mis sospechas de donde llegaría esto- Porque creo que no te estoy entendiendo- lo mire y el suspiro.
-Hijo tienes que casarte con Kim preferentemente antes de que termine la constitución de la empresa, así tendremos asegurado la asociación con los hoteles- lo mire molesto
-Creo que ya te había dejado en claro que no lo haría- me puse de pie molesto comenzando a elevar la voz
-Es por el bien de la empresa- grito y lleve mis manos a mi cabello
-He hecho todo lo que has pedido, mira donde estamos por tu capricho de construir una nueva sucursal aquí, comencé a salir con Kim hace años solo por ti, sabes bien que no se nada de relaciones y aún así lo intento con ella por ti- le grite
-¿Qué pasa aquí? - mi madre entró al despacho- ¿Porque se están peleando? - miró a mi padre - ¿Qué le has dicho? - estaba molesta se le notaba
-Solo que se tiene que casar con Kim lo antes posible- se encogió de hombros- Es su novia no tiene nada de malo- me miro
-No lo haré, tengo 30 años padre y no me obligarás a casarme con ella- me di la vuelta para salir de ahí.
Llegue de nuevo a la sala de estar y mi hermana me miraba con tristeza.
-Matías ¿A donde vas? - pregunto cuando vio que tomaba las llaves de uno de los dos autos que estaban ahi- Matías- me grito pero no la escuche no quería hablar con nadie, estaba molesto y cuando estaba así lo mejor era quedarme cayado y alejarme de los demás antes de hablar sin pensar.
Subí a una camioneta negra y acelere.
Poco me importaba no conocer nada de esta ciudad, la noche había caído y necesitaba desahogarme, dejar de pensar.
Llegue a un bar y me senté en la barra, comencé a beber un poco, tampoco me gusta alcoholizarme, solo me tomé dos vasos de vodka y salí.
Comencé a recorrer las calles, no sabía a donde me dirigía, estaba algo perdido, los recuerdos de la discusión que tuve con mi padre venían a mi mente, ¿Como casarme con una mujer a la que apenas tolero? Me repetía una y otra vez.
Mi celular comenzó a timbrar, decidí ignorarlo la primera vez pero siguió insistiendo, lo mire y eran llamadas de Kim, como si fuera poco, lo arroje al asiento del copiloto y seguí el recorrido, no encontraba el camino a casa, y lo que menos quería era responder las llamadas de Kim, cada vez se volvía más intensa y eso me fastidiaba.
De nuevo una llamada, lo mire dándome cuanta que era mi madre, extendí mi mano para tomarlo pero un fuerte impacto me lo impidió.
La puerta de mi lado se contrajo, mi cabeza fue golpeada por la ventana y mis ojos se cerraron dejándome caer en un profundo sueño.
El olor a suero y alcohol atilico llegó a mi, sentía mi cuerpo un poco adormecido, el pitido constante de las máquinas resonaba en mis oídos, la tenue luz lástimaba mis ojos pero poco a poco fui abriendolos.
-¿Se siente bien? - una voz dulce llego a mis oídos, me gire para verla, una chica rubia con grandes caderas, pechos medianos y una cintura angosta llego a mi vista, su cabello recogido en un moño la hacía ver sexy y su uniforme sin duda le quedaba de maravilla, sus ojos cafe claro resaltaba su mirada aunque se veían un poco tristes- ¿Señor Writers esta bien? Veré si ya ha llegado el doctor- menciono mientras se acercaba a la puerta
-Estoy bien- mi voz salió ronca- No tiene porqué ir, me siento bien- se detuvo al escuchar mi voz y se giro para mirarme.