Un trazo, dos, tres, cuatro... El día era interminable, estaba tedioso. Odio dibujar gente real. Prefiero mil veces divertirme mientras los invento y no presenciar aburridas charlas sobre la política en los años ochenta con un hombre de unos setenta años que escupe al hablar y que, encima, me dirige miradas insinuantes. Charles, el encargado del área de política y el que está entrevistando a éste fósil, se da cuenta de lo que hace y, lamentablemente, no puede hacer más que seguir con la charla. El viejo es un senador bañado en oro. Puedo notar el trasplante de cabello que se hizo, y es asqueroso. Creo que ver un elefante dando a luz sería mejor, menos asqueroso y más divertido que estar frente a éste hombre. -...En fin, eso es todo. Me alegra haber hablado con usted, señor senador. -dijo

