Estaba a punto de decir "no, gracias, no somos ese tipo de matrimonio" pero su tono tenía ese aire de jefe que básicamente significa "ni se te ocurra discutir". Terminé subiéndome al coche. "Gracias. En serio." Él solo soltó un leve murmullo, casi imperceptible, mientras ya giraba la llave. Avanzamos una cuadra antes de que, como quien no quiere la cosa, dijera: "No es molestia." Miré de reojo. Ese perfil tallado, completamente inmutable, no daba ni una pista. Igual que siempre. Desde que salimos del registro con ese certificado de matrimonio, ni una mueca, ni un destello de emoción. Nada de risitas incómodas ni movimientos nerviosos. Solo esa compostura fría que seguro usaba cuando despedía empleados. Y de alguna forma, me ayudaba. Cuanto más trataba este matrimonio como si fuera un con

