Mirabelle sostenía el borde de su camisón con dos dedos, caminando con pasos lentos y casi inaudibles. Sin zapatos. Solo sus pies desnudos tocando el frío suelo de piedra oscura, cada paso parecía iluminar la penumbra a su alrededor. Su piel resaltaba cálida sobre todo aquel n***o reluciente. Pálida. Casi luminosa. La mirada de Ashton recorrió la línea de sus pantorrillas, subiendo hacia la parte posterior de sus muslos, y luego más arriba, más allá de la tela que se mecía con ella. El camisón se aferraba a sus caderas, caía suavemente de su cintura como diseñado a propósito para tentar. A través de la tela delgada, se intuía su columna, el hueco curvado donde su espalda se unía con sus caderas, insinuando apenas su— Ashton tragó saliva con fuerza. Y cerró la p

