Podía sentir cómo cada mirada se clavaba en nosotros. Ashton era... bueno, Ashton. Como una obra de arte andante. Pero no ese tipo de belleza inofensiva. Era de esas bellezas que traen problemas. Como esos cuadros hiperrealistas de acantilados: si los miras demasiado rato, sientes que vas a caer. ¿Y yo? Tampoco pasaba desapercibida. Quizá no tenía ese aire celestial suyo, pero lucía bastante bien. Aunque lo que paralizó la sala no fue nuestro aspecto. Fue cómo él y yo íbamos del brazo. Cómodos, cercanos. Como si lleváramos años juntos. Gracias a tantos ensayos (sí, sirvieron), no parecíamos una pareja de una noche. Parecíamos de verdad. Podía casi leer los pensamientos de todos: "¿No es esa Mirabelle Vance?" "¿No estaba comprometida con Rhys Granger?" "¿No armó un escán

