Capítulo Treinta y Cinco-1

2035 Words

Capítulo Treinta y Cinco No me di cuenta de que Calogo se había ido hasta que regresó y me ofreció algo en la oscuridad. —¿Bebes? —preguntó. Alcancé el odre. —Sí, necesito un trago. —¿Qué te pasa? ¿Estás enferma? Incliné el odre hacia arriba y tragué el líquido fresco, y luego me eché un poco en la mano para lavarme la cara. Calogo cogió el odre, puso el tapón y lo dejó en el suelo junto al heno. Se puso de pie ante mí, con los brazos cruzados, esperando. —Siéntate —le dije—. Tengo que contarte algo. —Está bien. Se dejó caer en el heno a mi lado. Le conté cómo Obolus me había rescatado del río. —Escuché a los mahouts hablar de eso. ¿Por qué no saliste del agua? Hay poca profundidad ahí, donde los rápidos. —Me golpeé la cabeza con una roca, y estaba aturdida. Perdí casi toda la

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