Emily caminó de un lado a otro pensando en lo que la madre de Hans le estaría diciendo, ¿Cómo es que se habían dejado llevar por el deseo? Se repitió una y otra vez esa pregunta. La puerta de la habitación se abrió y apareció Hans. ― ¿Estás lista? ―ella afirmó rápidamente. ― ¿La señora Miller? ―él notó la preocupación. ―Mi madre está bien, tranquila…―hizo una pausa lanzando una mirada fugaz al reloj. ―Me cambiaré y nos vamos. ―Emily afirmó, él se acercó hasta quedar frente a ella, se inclinó en dirección a su oído y susurró: ― ¿Te gustaron las bragas? A ella se le escapó un jadeo, el calor del cuerpo de Hans la traspasó con calidez. ―S-Si, gracias. ―dijo un poco, agitada, luego se mordió el labio inferior, “¿Por qué me ha excitado con solo una pregunta?”, se preguntó mentalmente. ―Bi

