El viento sopla con fuerza presagiando una gran tormenta, sin importarme el clima, salgo de casa, no necesito pensarlo dos veces, ya es hora de enfrentar esto. —Papá, ayúdame en esto —susurro mientras cierro la puerta principal, suelto una pesada respiración y metiendo las manos en mis bolsillos, decido caminar. Las calles están desoladas, probablemente sea porque estamos a mediados de semana y son las once de la noche, aun así me aventuro en la obscuridad para ir a hablar con Adam, sé que no me espera, no a esta hora, quizás así logre sorprenderlo y me diga todo de una buena vez; paso la primera calle sin problemas, pero al llegar a la siguiente noto que alguien me sigue, siento un escalofrío familiar ¿Acaso Adam vino por mí? Niego con la cabeza, es imposible, Adam es tan obstinado, ce

