Capítulo 2
—Mire lo que pasa es que soy la mamá de la niña que tiene resguardada—menciona apenada
—Lo que pasa es que mi hija se me escapo, la busque durante días hasta que llegue a una cafetería y me dieron información.
—Muy bien si es verdad lo que dice ¿Cómo se llama la niña?
—Ella se llama Valentina.
Eso es verdad, durante una plática con la nena ella misma me dijo que su nombre es Valentina y el nombre de su Mamá es María
— ¿Puedo saber su nombre?
—Claro yo me llamo María—ella contesta con amabilidad.
Si bien todo lo que ha dicho esta mujer es verdad sin embargo no soy nada confiada por ello es que pediré documentos los cuales serán avalados por mi abogado.
—Muy bien. Mire le mandare mi dirección a este número de teléfono, si es verdad lo que dice no tengo ningún problema con entregar a la niña más sin embargo le pido que lleve con usted los documentos que avalen que ella es su hija de lo contrario no pienso entregar a Valentina.
—Está bien señorita no me opondré porque estoy agradecida de que la haya resguardado además me conto el encargado de la cafetería que la defendió como si fuera su hija asì que estaré en su casa mañana mismo con esos papeles, por favor cuide de mi niña y dígale que su mama la extraña.
—Claro, hasta pronto—menciono con seriedad
Enseguida cuelgo esa llamada y me dispongo a manejar hacia la hacienda a la cual llego después de una hora.
En cuanto llego estaciono mi coche, tomo mi bolso y bajo enseguida. En la casa se escucha el ruido de valentina quien se ríe mientras varias de las empleadas domésticas corren detrás de ella quien de pronto me ve y viene hacia mí.
—Señorita Scarlett—me abraza con mucho cariño.
Después de eso suspiro, agacho la cabeza y le sonrio sutilmente.
—Hola pequeña —acaricio su cabeza y después opto por tomar su mano y llevarla conmigo
— ¿Qué crees? —hago que ambas tomemos asiento.
— ¿Qué? —contesta emocionada.
—Hoy hablo tu mamá—le comento
— ¡Mi mamá! —exclama aún más emocionada.
—Sí y dijo que mañana vendría.
—¡Si! mi mamá vendrá—me abraza.
Al día siguiente…
Son aproximadamente las doce de a medio día, estoy con mi abogado esperando a la mama de Valentina quien está en su recamara jugando con algunas empleadas domésticas.
A lo lejos se escuchan el murmullo de varias personas por lo que de inmediato volteo y veo a soledad quien viene hacia la sala de espera junto con una joven casi de la misma edad mía y con otro chico un poco más grande que yo.
Claro ese debe ser el padre de la niña, no puedo contener mi coraje ¿Cómo es que abandono a su propia hija y ahora viene a reclamarla como si nada? De pronto me dejo llevar y voy directo hacia él mismo a quien le suelto una gran bofetada la que termina por voltear su rostro, veo como él se reincorpora para enseguida tomar mi muñeca y atraerme hacia él quien me mira molesto a la vez que su respiración es acelerada.
— ¿Qué rayos le pasa señorita? —me mira de cerca.
—Aquí la pregunta es ¿Qué rayos te pasa a ti? —me suelto bruscamente de su agarre— ¿Cómo te atreves a abandonar asì a tu hija? ¿Sabes a los peligros que se enfrentó? No cabe duda de que eres un…
—Cuidado con lo que va decir —contesta a la defensiva.
—Señorita creo que esto es una confusión él no es el papá de Valentina, él es mi hermano Edrick quien me acompaño a recoger a mi hija.
Mierda me digo a mí misma mientras trago saliva y no dejo de verlo en tanto él soba su mejilla debido a lo enrojecida que esta.
Aun así, no me disculpo, solo aclaro mi garganta y prosigo hablando.
—Como sea, solo quiero ver los papeles que avalan que es usted la madre de Valentina
—vuelvo a tragar saliva.
Si bien debo aceptar que estoy un poco apenada sin embargo por nada del mundo lo hare saber ya que no puedo permitirme ser débil ante los demás.
—Así, aquí tiene —me entrega unos papeles.
Luego de tomar esos documentos enseguida se los entregó al abogado quien enseguida los observa para después avalar eso papeles.
—Señorita Scarlett estos documentos cuentan con todos los sellos por lo tanto son originales solo falta que la niña vea a la señorita presente y ver su reacción para poder entregarla.
—Muy bien, soledad por favor que traigan a Valentina—ordeno sin dejar de ver a ese tipo quien solo me ve con seriedad.
En cuestión de minutos las empleadas traen a la niña quien enseguida abraza a María ambas lloran al verse, creo que con esto es suficiente, creo que es más que claro que ambas son madre e hija.
Me alegra tanto a ver ayudado con esto que por dentro estoy sonriendo de felicidad.
—Muy bien viendo esto está más que comprobado que ambas son madre e hija, por lo tanto, me retiro, señorita Scarlett cualquier cosa para la que me necesite estoy a sus órdenes con permiso
—el abogado se va.
—Señorita Scarlett no tiene idea de lo tan agradecida que estoy por esto, le doy gracias a Dios de haberla mandado para encontrar a mi hija—de pronto me abraza.
Inmóvil me quedo ante eso, de mi parte solo pestañeo un par de veces hasta que ese tipo la aparta de mí.
—Vamos María creo que es hora de irnos —la aleja de mí.
—Scarlett te voy a extrañar mucho —esa pequeña me abraza
—Pórtate bien ok—acaricio su cabeza.
—Gracias por devolverme con mi mamá no podría vivir sin ella —me agradece.
—No hay de que, por cierto, María si algún día necesitas ayuda respecto a María puedes pedirla ¿De acuerdo?
María sonríe al mismo que asiente, después de eso se da vuelta y camina hacia la salida abrazada de su hija, en tanto ese tipo se atreve acercarse a mí para tomarme del brazo y acercarme a él.
—Una disculpa por haberme bofeteado sin razón no me vendría mal—menciona cerca de mi oído derecho haciendo que cierre los ojos.
Aunque poco después abro los ojos y me suelto de su agarre.
—Una mujer como yo jamás le pediría una disculpa a un tipo como tú —digo con tal seguridad que él solo se aleja dando pequeños pasos hacia atrás.
El asiente y después se da vuelta intentando alcanzar a su hermana.
Por la madrugada…
Siento como me muevo queriendo despertar, pero no puedo lograr hacerlo, es como si mi subconsciente quisiera seguir soñando con ese odioso tipo ese tal Edrick el cual es de estatura alta, ojos color miel, porte elegante a pesar de ser clase media, tiene barba no tan pronunciada, pero si marcada, cabello corto color café obscuro cuerpo atlético y mirada caída pero profunda y muy observadora, por cierto.
Ay por favor debo dejar de soñar con ese odioso, me muevo de tal manera que me despierto sobre exaltada eso es porque él estaba a punto de besarme.
Me recargo en el respaldo y permanezco ahí hasta que me tranquilizo y opto por beber un poco de agua.
A la mañana siguiente…
De pronto unos gritos me despiertan, así que enseguida tomo mi bata y bajo a la planta de abajo donde María es retenida por las empleadas domésticas.
— ¿Qué pasa? —menciono mientras bajo las escaleras.
—Señorita Scarlett—ella viene hacia mi desesperada, de pronto toma mis manos y me ve con suplica.
—Usted dijo que me ayudaría si Valentina ocupaba ayuda por favor ayúdeme —menciona con voz entrecortada.
—Ok, pero dime qué es lo que pasa—la encamino hacia la sala.
—Es su padre, volvió y como es rico me quito a Valentina todo porque su padre le ha pedido un heredero por favor, señorita, ayúdeme, Valentina ahora que lo conocido no quería irse con él sin embargo él se la llevo porque fue con un abogado. ¡Ayúdame! —se hinca a mis pies.
Eso me sorprende por lo que no me deja reaccionar.
—María por favor, no tienes que humillarte de esa manera—ese es su hermano quien la levanta.
—No tienes que hacer que haga eso para que puedas ayudarla, no puedo creer que seas asì de fría
—él me reclama.
Sin decir nada le tuerzo los ojos y le muestro una cara de molestia.
—María tienes que calmarte no puedes mostrarte asì de débil ante ese hombre, si él está haciendo esto solo por una herencia hay que demostrarlo, necesito que pongas una demanda ante el juez de lo familiar ¿De acuerdo? —la tomo de los hombros.
—De acuerdo—asiente más calmada.
—Me pondré en contacto con el abogado Suarez y veré que puedo hacer, anda ve no pierdas tiempo, llámame en cuanto puedas.
—Muchas gracias, señorita.
Ella toma su bolsa y sale de mi casa.
Veo como él se da la vuelta y camina solo unos pasos.
—Oye tú antes de acusar a alguien debes tener pruebas y si no las tienes no me acuses ¡Imbécil!
Él medio voltea y me sonríe de lado para luego disponerse a hablar.
—No necesito pruebas para darme cuenta de lo fría y arrogante que es usted —terminar de decir por consiguiente camina hasta desaparecer de mi vista.