Durante las últimas semanas ignoré a ese trío. A Lucas no me ha sido difícil ignorarlo porque lo he hecho toda la vida, pero lo de Thiago y Aarón me dolió mucho.
En este tiempo me concentré en la pintura, Rocío y mamá, las únicas tres cosas que importan en el mundo. Mi mejor amiga, mi madre y mi pasión; ellos son parte de mí y me ayudan a ser feliz.
La semana pasada cumplí diecisiete años y lo celebré con ellas dos como todos los años. Fuimos a un restaurante muy bello, almorzamos mi comida favorita y mamá me compró mucha ropa, también nuevos lienzos, pinturas y para rematar el último libro de mi escritora favorita, no cualquier libro, es la edición especial.
Sigo siendo una romántica empedernida y me encanta leer sobre romance. Sé que el hombre ideal solo está en los libros o en películas, pero soñar no cuesta nada.
Por fin han llegado mis anheladas vacaciones. Solo falta un año para que cumpla la mayoría de edad y me vaya a París definitivamente a vivir y estudiar la carrera de mis sueños. Lejos de las burlas, mi padre y todo lo malo, a reinventarme y hacer mi vida como yo quiera. Hablaré con mi madrina porque solo necesito un lugar en el cual quedarme mientras consigo un trabajo para pagar mi estadía y los estudios. Estoy segura de que ella no se negará a que viva con ella. Soy como su hija además Juan Diego y Paúl hacen su vida y pasan temporadas con su padre, por ese motivo ella se queda muy sola y yo podría hacerle compañía.
Anoche preparé mis maletas, empacando mi ropa, libros, lentes de repuesto y mis documentos. Me quedé hasta tarde con mamá, quien me ayudó porque cree que se me olvidará algo. Ella y papá se irán a un viaje por negocios de la empresa y Sharon no tendrá vacaciones porque se lleva muchas materias y debe rendir los finales o reprobará el año. Por primera vez, yo no la ayudaré, por lo cual debe arreglárselas sola.
— ¡Cuando lo vi pensé en ti, mi princesa consentida! — Papá le entrega unos aretes con esmeraldas a Sharon.
Ella ama las joyas y a él le encanta consentir a su princesa. Mamá está muy enojada con ella porque casi reprueba el año y él le hace regalos.
— Gracias, papi, eres el mejor. Y no olvides los regalos que te pedí.
— Claro, mi amor. — Él deja un beso en su mejilla.
— Mira, Sofía.
— Está linda.
— Sofía, la verdad no sabía qué comprarte.
— No te preocupes, papá.
Mamá se acercó a nosotros con las maletas de ella y papá. Los tres iremos al aeropuerto, pero tomamos vuelos separados.
— Es broma de tu padre. — Ella saca de su cartera una cajita color roja y luego me la entrega.
La abrí de inmediato y noté que se trata de un dije en forma de sol con un diamante incrustado. Es perfecto. Odio las joyas, pero esta me fascina.
Noté que mi padre asesina a mi madre con la mirada. Mi hermana y yo compartimos la misma mirada de desconcierto.
— Le tenías que regalar esa joya.
— Así es.
— Está precioso. Gracias, mamá. — La saludé con un abrazo.
— Ya tienes todo listo, Sofí. Y Sharon, pórtate bien, haz tus tareas y nada de fiestas porque la abuela te vigilará.
— Claro, mamá, cuídense.
Nos dirigimos al aeropuerto en el carro y no tardamos más de quince minutos en llegar porque no hay mucho tráfico. Durante el camino, mi madre no dejó de insistirme en que cambiara el vuelo y me fuera con ellos, pero ya tengo planes con Paul.
— Te portas bien y me escribes al bajar del avión y al llegar.
— Sí, mamá, te quiero. — Le di un abrazo seguido de un beso en la mejilla, y luego me acerqué a mi padre, pero él me empujó.
— ¡Carlos!
— No hay tiempo, Alba, ya se va el avión. — Él jala su brazo y se la lleva prácticamente a rastras.
Cuando anunciaron mi vuelo, me acerqué al avión porque ya tengo todos los papeles en orden. Al llegar a mi asiento, no me controlé y dejé caer un par de lágrimas. Quisiera bajar y ser otra Sofía. Una Sofía más fuerte y a la cual no le afecte el desprecio de su padre y sus amigos, la cual se quiera a sí misma, pero eso nunca ocurrirá.
Luego de tomar una siesta, me dediqué a leer el libro que me regaló mi mamá y me adentré en la lectura hasta que el avión aterrizó. Me pierdo fácilmente de la realidad con los libros.
Cuando bajé del avión y recogí mis maletas, saqué el libro de la cartera y lo seguí leyendo sentada en el banco hasta que transcurrieron unos minutos, y decidí ir sola a la casa de mi madrina porque seguramente confundió las fechas y no vendrá a recogerme ahora. Ya debería estar aquí y no me envió ningún mensaje.
Obviamente, le mentí a mamá y le dije que ella sí vino por mí para no causarle problemas. Por suerte, conozco París como la palma de mi mano.
Tomé mi maleta y el libro, el cual no dejé de observar, y comencé a caminar rumbo a la salida. Ya casi llego al final y no puedo soltarlo, quiero saber si por fin se quedarán juntos o no.
Interrumpí mi lectura cuando tropecé con un hombre que venía tan distraído como yo porque él venía corriendo. Creo que está perdiendo el vuelo.
Terminé en el suelo, al igual que mis maletas, anteojos y mi amado libro. Lo malo es que al no tener anteojos, veo todo borroso.
— Perdón, soy un torpe. — Escuché su voz suave y sentí el tacto de sus manos en las mías mientras las tomaba para ayudarme a levantar. Creo que me di un buen golpe en la rodilla, y creo que él también cayó al suelo.
— Yo venía distraída.
— Fue mi culpa. ¿Te ayudo, preciosa?
— ¿Es a mí? — Pensé en voz alta. Es que es muy extraño que alguien me llame así, pero supongo que es amable.
— A alguien más tiré. — Él ríe burlón mientras me coloca los lentes, los cuales, gracias al cielo, no se rompieron porque cuestan una fortuna. — Listo, preciosa.
— Gracias.
No dejo de observarlo mientras él recoge mi libro y me ayuda a acomodar mi ropa en la maleta, la cual se cayó al suelo. Gracias al cielo, la ropa interior está muy abajo y no se cayó. Sería la vergüenza de mi vida.
Es guapísimo, tiene el cabello desordenado castaño oscuro, tez morena y ojos color verde oscuro. Es una mezcla entre verde y gris, pero lo que más me gusta es su sonrisa.
Es la clase de hombre guapo y amable como el del libro que estoy leyendo. Él me saca de mis pensamientos cuando vuelve a tomar mi mano.
— Soy Santiago.
— Soy Sofía.
Él acerca mi mano a él y deja un beso suave en ella.
— Es un gusto, Sofía.
— ¡Sofía! — Escucho los gritos de mi madrina a lo lejos.
— Vienen por mí.
— Claro, también debo irme. Adiós, preciosa, y ve con cuidado. — Él simplemente se marcha como si se tratara de un sueño.
— Sofí. — Ella se acerca a mí y me da un abrazo. — Estás enorme, mi amor.
— Nos vimos el verano pasado.
— Igual, mi amor. ¿Y quién era ese guapo?
— No sé.
Llevé mi mano a mi cuello y noté que mi dije de Sol desapareció. Soy una torpe, mi madre me asesinará.
Pero eso no importa, acabo de conocer a un príncipe y el primer chico que me dice algo bonito. Es una pena que nunca más lo volveré a ver.
Al menos ahora sé que existen los caballeros.
Me golpeé internamente. Basta, Sofía, todo lo que pasó fue por ilusionarte rápidamente. Ahora eres diferente.