Capítulo 5

871 Words
~Damián~ ― ¿Qué hiciste ahora? ―pregunta Joe cuando abro la puerta del baño completamente vestido. ― ¡Que buen método! ―respondo y Joe rueda los ojos y se acerca más a mí. Su barba roja me hace cosquillas en el hombro. ― ¿A quién molestaste? ―Sigue preguntando ―A nadie. ―Le sigo respondiendo ―No te creo… ¿Por qué me mandaste a llamar? ―Porque te necesito. ― ¿Por qué dijiste que es urgente? ―Sí que es hincha quinotos. ―Porque quería que vengas rápido. Este método lo voy a volver a usar. ―Entonces… ¿Qué hiciste ahora? ―responde luego de unos segundos en silencio en que me miró fijamente. ― ¡Ya te dije que no hice nada! ¿No confías en mí, tu alpha? ―exclamo realmente harto. ―No. Su rechazo me duele, me quema, me lastima. El alma me duele. ―Que linda pareja que son. ¿Si tienen hijos, crees que saldrá como el omega? ―alguien dice detrás de nosotros. Mi piel se pone de gallina. Me doy vuelta y busco a quien dijo tal barbaridad; espero crean que Joe es el omega. Pero no veo a nadie. ― ¿Quién es el omega? ―pregunto en un susurro. Joe seguía pegado a mí y podía ver sus ojos verdes, completamente asustados. ―Yo no, lo dirán por ti ―me responde y yo niego; es imposible. ―Yo soy alpha y más alto que tú ―respondo. ―Yo voy a ser padre, tú sigues soltero. Me sigue lastimando. Si sabe que vinimos para acá justamente para eso. ― ¡Yo soy tu alpha! No me irrespetes. Joe gruñe; pero rápidamente todo termina cuando alguien tose falsamente detrás de nosotros. Un hombre de unos cuarenta años aproximadamente, muy apuesto, tanto que me haría dudar de mi sexualidad, estaba a unos metros detrás de mí. ―Perdón que interrumpa tan agradable charla. El alpha Clarckson les está esperando en su despacho. Mi recomendación es que dejen la conversación para otro momento ―dice y se da vuelta. Dándonos a entender que debíamos seguirlo inmediatamente. No caminamos mucho por los pasillos de la casa hasta llegar a una puerta algo distinta al resto. Era de madera como todas, pero no tenía ningún cartel o detalle que diga que había detrás de esta. Entre al despacho seguido de Joe. Era invierno y la chimenea estaba encendida dando un leve brillo a la sala. Había retratos de antiguos alpha, pero no me quedé a verlos por mucho tiempo. Clavo mi mirada en el frente. Ahí está el alpha de nombre raro y el niñito insolente, Mike. El que nos había traído pasa de nosotros y se posiciona al lado del alpha, seguro es su beta. Joe y yo nos sentamos en nuestras sillas y puedo sentir la tensión en el aire.   Pasan unos minutos en silencio, solo escucho el respirar y el repiqueteo de un pie contra el suelo, seguro es el mío. Me pare cuando ya no lo soporté más, abrí mi boca para hablar, pero Mike se levantó y me agarro del cuello de la camisa con un odio, no le sirvió de nada porque Joe no le dejo ni tocarme un centímetro de la piel. ― ¿Qué es lo que le hiciste a Kristy?―grita en mi oreja. ―Lo mismo que tú con tu mate… Yo no le hice nada pero si me dejaras hablar, por lo menos 1 minuto podría explicarte que es lo que pasa. ―Sonreí cínicamente, con calma aparentemente. Agarro, no sé de donde, un cuchillo y me amenazo con él. ―Sé rápido― y puso una maquinita que media el tiempo. Empezó a correr el tiempo y me asusté. Soy un pendejo. ―LoquepasaesqueKristyesmimateynomegustaqueesteconotrosporesovineparaacaporquevaacumplirsusdieciochoañosyheestadoesperandotantotiempoquemeestoydesesperando ―respondo en solo unos segundos. La cara de los presentes es un regalo. El alpha abrió los ojos asombrado, el beta trató de contener la risa y no le salió muy bien, Joe empieza a toser de la nada y Mike, Mike simplemente no entiende. ―No te entendí nada. ―Lo que pasa es que Kristy es mi mate y no me gusta que este con otros, por eso vine para acá porque va a cumplir sus dieciocho años y he estado esperando tanto tiempo que me estoy desesperando. ― le volví a decir a ese mocoso más lentamente por que su cerbero no desarrollado no captaba una. Unos instantes en silencio que parecen eternos. Me mordería la uña, pero estoy queriendo dejar eso, por lo menos para no tener los dedos feos ese gran día. Pero a tentación me está ganando.          Pero el silencio termina y escucho que el mocoso grita. Pero no entiendo lo que dice. Me gustaría reír cuando veo que su padre no dice nada, pero porque soy educado sigo con mi cara de serio. ― ¿Qué? ¡Desde cuándo!―dice a los minutos de gritar y recuperar el aliento. ― ¿Se acuerdan de hace casi 18 años? ―No… ―Yo si, como me iría a olvidar de tal momento. ―responde el alpha de nombre imposible. 
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