Francesca —Vamos, Francesca— me grito Boris—. Golpéame más fuerte. ¿Cómo se suponía que iba a hacer aquello si era una pared de un metro noventa con más músculos que pantalones de vestir? Imposible. Y yo había tenido razón cuando meses atrás le pedí a el que también me entrenara, porque no me tenía piedad, distinto a Marko que era más paciente. Y que como siempre, observaba todo desde la esquina del gimnasio. —De acuerdo— dije agitada, buscando la manera de que el aire pasé de forma más fluida—. Yo te golpeare más fuerte, si tú me dices como es el traje que te pondrás en la boda. —Me rindo— dijo, tomando una toalla y pasando por mi lado—. Sigue tu— lo señalo a Marko—. Una conversación más sobre esa boda y me iré a Rusia directo al ejército y sin posibilidad de retiro. Me reí mientra

