ELIANE
Caminaba sin un aparente rumbo fijo, sabía que los Nazi me estaban vigilando, siguiendo y asechando cada paso que daba, por lo tanto debía ser muy cautelosa hasta el más mínimo detalle debía cuidar, no podía despreocuparme y mucho menos relajarme.
Nada de lo que había en la ciudad era del todo normal, el ambiente se sentía distinto, era a la vez tranquilo pero a la vez tan... inquietante que incluso sentía como la gente que pasaba alrededor mío estaba aterrada y muerta del miedo, pero debían aparentar muy bien porque de ello dependía su supervivencia dentro del infierno que crearon los mismos Cazadores Nazi.
Por momentos miraba de reojo hacia los alrededores en busca de algún Cazador Nazi que estuviera al acecho y no estaba tan equivocada, de hecho había uno y me miraba con ciertas reservas, era más que obvio que ese pobre tenía miedo, temblaba, respiraba profusamente en un inútil intento de mantener la compostura cuando en realidad el miedo ya había sobrepasado sus límites.
Pensé que me había reconocido, pero era obvio que si eso llegaba a pasar ese pobre muchacho moriría por el simple hecho de haberme reconocido como la 'Diabólica'. Afortunadamente había usado un hechizo para cambiar mi apariencia que era prácticamente imposible de detectar la diferencia entre lo real y lo falso.
Mi apariencia falsa reflejaba a una mujer de cabello rubio y rizado a la altura de los hombros, ojos cafés, tez pálida, complexión delgada, estatura media. Vestía un suéter gris de cuello alto, jeans térmicos y encima llevaba un abrigo n***o con capucha y botas del mismo color y sobre el hombro llevaba mi mochila puesta. Ni siquiera un humano común podía notar la diferencia y mucho menos un ser sobrenatural, lo cual era más que perfecto para mí.
Tomé mi teléfono y vi la hora eran las 10:30 de la mañana, no había casi movimiento por parte de la gente, todo estaba completamente silencioso, el único sonido que podía percibir era el sonido de mis pasos y el de los Nazi, de ahí en fuera nada más. Guardé mi teléfono en mi abrigo color n***o, me puse la capucha, metí las manos en mis bolsillos y me fui.
Debía irme en cuanto antes y saber exactamente qué era lo que estaba ocurriendo, había algo inquietante en Paris y yo iba a descubrirlo, a cómo diera lugar.
Desaparecí entre las desiertas calles de Paris, siendo aún acechada por los Cazadores Nazi.
(***)
DIMITRI
Al fin estaba en Paris, por fin después de tanto trabajo y esfuerzo por lograr dar con la ubicación de Eliane. Finalmente había llegado.
Caminaba por las calles de Paris y pude darme cuenta de que había algo diferente en el ambiente, olía algo distinto en él, había algo que no estaba bien, conforme fui caminando sentía una pesada mirada sobre mí observando cada paso y movimiento que hacía.
Era consciente de que alguien me estaba vigilando pero no sabía por quién y por qué, entonces tomé otra ruta pensando que lograría despistar a la persona que me estaba vigilando, pero en realidad me había equivocado.
Me habían seguido y me encontraron fácilmente, eran nada más y nada menos que 4 Cazadores Nazi. No tenía ni más mínima idea de que ellos controlaban la ciudad, había ciertos rumores pero ninguno era concreto o fiable.
Me miraron como una presa más a la que debían y tenían que matar, nada más. Estaba fuera de discusión, su deber era matarme.
No podía transformarme ahí mismo porque eso era lo que ellos querían para hacer más fácil y sencillo su trabajo.
En ese momento me pregunté cómo diablos le había hecho Eliane para no ser descubierta y entonces recordé que ella era mitad bruja blanca, por supuesto que para ella era pan comido pasar desapercibida en una Ciudad como Paris, sin ningún problema. En cambio yo... tenía una gran desventaja, había sido descubierto sin importar que me había encargado de mantener oculta mi esencia y olor a Alpha.
Pero antes de que alguien pudiera hacer el primer movimiento alguien más lo hizo y ese alguien fue una mujer de cabello rubio rizado con un abrigo n***o con capucha encima, no había podido ver su rostro con claridad, sólo su pelo y sus ojos, esos ojos me eran muy conocidos e inclusive la mirada.
Aquella mujer dijo algo en francés que no logré entender mucho, pero suficiente como hacer que los Cazadores se fueran presos del pánico. Luego de ello la rubia volteó hacia a mí, dio un chasquido y su apariencia cambió en un parpadeo.
—¿Qué diablos haces aquí?—Preguntó Eliane claramente sorprendida y a la vez muy molesta.
—¿Cómo supiste que estaba aquí?—Rodó los ojos.—Por tu estúpida marca en mi cuello fue que te pude sentir. Ahora responde mi pregunta.
—Vine por ti.
Arqueó una ceja y volvió a rodar los ojos con cierta irritabilidad en su mirada.
—No debes estar aquí, te matarán si te quedas.—Dijo muy seria manteniendo su misma expresión inicial.
—No tengo miedo, además no puedo irme con la preocupación de que algo te pase.
—Mira Dimitri... lo qué pasó en Vallentuna, no fue nada; además... soy capaz de cuidarme sola. No necesito tu protección, vete antes de que vengan más Cazadores y te usen como cebo.—Tomé su mano, antes de que pudiera protestar nos teletransportó a otra parte.
Luego de lo que fueron un par de segundos habíamos llegado a una casa un tanto vieja pero bien conservada, antes de poder decir algo Eliane, hablé.
—Antes de que digas algo... te aclaro que no me voy a separar de ti.—Ella suspiró pesadamente y rodó los ojos.
—Está bien, pero... cuando termine con lo que tengo que hacer aquí. Tú, te vas y me dejas en paz. ¿Entendido?
—De acuerdo.—Miré a mi alrededor y vi que estábamos en medio de un bosque bastante tétrico.
—¿Qué hacemos aquí?
—Hacer una visita.—Arqué una ceja.—¿Una visita? ¿A quién?
—A unos amigos, que no he visto en mucho tiempo y pensándolo bien... creo que no me vendría mal estar unos días con ellos.—Habló de una manera tan tranquila y a la vez tan burlona, tan despreocupada. Y eso me ya me tenía harto.
—¡¡¿Huiste de Suiza, haciendo todo una disparatada escena para venir a este país de mala muerte por el simple hecho de visitar a unos amigos?!!—Le grité y ella sobresaltó, realmente no se esperaba tal reacción de mi parte.
—Pues... si. De hecho, pero... mi visita es por razones que no puedo mencionar. Y además... ¡¡VUELVES A GRITARME Y CONOCERÁS LA IRA DE UNA BRUJA BLANCA!!—Esta vez yo me sobresalté y me di cuenta de cuán aterradoras son las brujas blancas y sobre todo si son híbridas. Esas son las peores.
—Vamos, ya perdí mucho tiempo por tu culpa.—Eliane, se dirigió a la casa y subió tres escalones que en el momento en que los pisó rechinaron horriblemente.
Yo la seguí y ella tocó la enorme puerta color ocre tres veces, al hacer eso la puerta se abrió y salió una mujer madura y muy bonita pese a que tenía algunas canas en su cabellera castaña. Y después salió otra mujer.
Aquella mujer tenía ojos medianos color verde, pestañas rubias y largas, cabello rubio y rizado, era muy pálida, delgada, cadera y busto prominentes, facciones delicadas, labios rosados, cejas negras y marcadas, mirada neutra, desconfiada y diabólica, estatura media. Eran las típicas características que definían a un vampiro como ella. Además vestía completamente de n***o que hacía resaltar todavía más su tono de piel.
La castaña vestía una camisa de cuadros rojos y unos jeans, y botas café claro para el frío.
—Miren a quien tenemos aquí. Eliane Salvatore, o más bien... "La Diabólica".—Eliane, gruñó del disgusto por el apodo.
—No estoy de humor para tus bromas estúpidas, Cristina. O mejor dicho... ¿"Doctora Asesina"?
—Cállate, ya dejé eso atrás.—Dijo la rubia claramente molesta.—Como sea... ¿A qué vienes?
Eliane, sacó de su mochila una carpeta y se la entregó a Cristina, ella leyó y la cerró casi de inmediato. Miró a mi Luna primero y después a mí un par de veces.
—Está bien, te ayudaré. Pero ese Alpha que viene contigo, tendrá que esperar afuera.
—Cristina... los Cazadores Nazi, lo están buscando.—Respondió Eliane con cierta irritabilidad.
—Mira linda, créeme que quiero ayudarte pero... no puedo hacerlo, sabes que no confío en los Alpha's.
—No es solo por eso...
—Entonces, ¿por qué?—Preguntó la rubia cruzándose de brazos.
—Porque... él es mi Mate. Por eso, y además sabes muy bien lo que eso implica.—Cristina, asintió en respuesta muy seria y aceptó ayudar.