Albert Smith se encontraba en el aeropuerto de San Diego, revisando los horarios de vuelos con destino a San Francisco. Aunque estaba emocionado por el recital de Charisse, una parte de él estaba completamente sumida en el intrincado caso de Whitmore. Se había mensajeado con ella a lo largo de toda la mañana y, cuando le dijo que ya estaba en el aeropuerto, ella se mostró muy emocionada y lo llamó. —Tengo que reunirme con mis compañeros, puede que no conteste a llamadas y mensajes. Si quieres puedes escribirme cuando ya abordes, y yo te responderé desde que puedas. —¿Estás… nerviosa? —Un poco. Pero no habrán muchas personas, así que será cómodo. Y no me quedaré mucho tiempo en el escenario. —Entiendo. —Tengo que dejarte, Albert. No olvides que te espero, el mejor lugar está reser

