Las luces parpadeantes del aeropuerto reflejaban el caos interno que Candy sentía. Mientras caminaba hacia la puerta de embarque, sintió una mano en su hombro. Era Alaric. Su corazón se alteró cuando lo vio allí, mientras sus azules ojos evitaban mirarlo a la cara pero su presencia, más buena que mala, logró conmoverla. —Logré conseguir un asiento en el mismo vuelo—dijo, su voz llena de esperanza. Quería abrazarla, besarla, decirle todo lo que la amaba, pero temía un rechazo de su parte, como ya ella había hecho antes, antes de marcharse. Candy le dio la espalda, tratando de ocultar el dolor y la confusión en sus ojos. Se comenzaba a odiar por ser tan débil, por estar tan sensible, porque la presencia de Alaric ya comenzaba a atacar sus defensas. —No deberías haberlo hecho, Alaric. Ne

