Aquella madrugada Candy estaba de pie junto a las cunas de sus hijos y no necesariamente porque ellos estuvieran despiertos. Estaba desvelada, no podía dormir. Miró como el pecho de Noah se alzaba y él dejaba sus deditos cerca de su cara, se movió un poco hacia un lado y luego regresó al mismo lugar en que estaba. Hasta en sueños… era inquieto. Nina lucía tan tranquila como un ángel, solo moviéndose por la respiración, su pecho subiendo y bajando. Lo que le proporcionaban sus hijos no tenía precio alguno, eso era innegable, pero su lucha interna iba más allá que eso. Fue al salón, tomó su ordenador que estaba en la mesa de centro y abrió su correo, leyó detenidamente aquella oferta de trabajo y luego suspiró. Nada era más interesante que el caso Whitmore. Sería una gran oportunidad,

