Capitulo 2: Ausencia

1194 Words
Todo pasó tan rápido. Sofía esquivó al hombre y luego los neumáticos de su auto resbalaron a causa de la velocidad con la que iba. Fue directo a un enorme árbol que detuvo su rumbo haciendo que todo el tren delantero del auto se hiciera pedazos en segundos. El parabrisas no soportó el impacto y se hizo trizas, los trozos de cristal cayeron hacia todos lados y el oscuro y sofocante humo n***o que despedía lo que antes era un lindo deportivo, llenó toda la atmósfera cercana. Sofía estuvo inconsciente solo por unos minutos, afortunadamente la bolsa de aire y el cinturón de seguridad evitaron que ella pudiera hacerse más daño, la joven solo sufrió una pequeña cortadura sangrante en su frente y otra en la mejilla ocasionada por los trozos de cristal que le cayeron encima. Al despertar frunciendo el ceño, Sofía se encontraba un poco confundida, miró a su alrededor descubriendo todo lo que su pánico había causado y solo pensó «Estuve a punto de morir» Por suerte, no se encontraba tan lejos del hospital, después de todo, ese hombre que estuvo a punto de ser arrollado por Sofía fue quien llamó a emergencias y la ambulancia no tardó en llegar. Los paramédicos de inmediato corrieron para sacar a Sofía del auto. Rompieron la bolsa de aire y cortaron el cinturón, para finalmente sacarla de su asiento, el paramédico más alto se encargó de cargarla hasta la Ambulancia, mientras que su compañera preparaba la camilla interna de esta para recibirla. Luego llegó la policía, quien acordonó el área, mientras que los bomberos se dedicaron a apagar las llamas que comenzaban a crecer en el capó del auto, antes de que se extendiera y la situación empeorara. Sofía estaba tan sumida en su actual crisis que no se dio cuenta de la mayoría de los hechos que acontecieron a su alrededor. Para ella todo fue como un flash, pasó tan rápido que cuando entró en razón ya la paramédica había bajado un poco la guardia sabiendo que la joven estaba bien, justo al momento que uno de los oficiales de policía se acerca a la ambulancia. —Señorita Lawrence, la hemos identificado gracias a su licencia de conducir. Ya hemos llamado a la oficina de su esposo y alguien vendrá a recogerla y podrá irse cuando la paramédica se lo indique— Informó el oficial esbozando una leve sonrisa cordial. Sofía no hizo más que asentir, aún era presa del miedo, el cuál aumentó al saber que su esposo ya debía estar al tanto de lo sucedido y seguro le espera un gran sermón de su parte al llegar a casa, la cuál ha sido como un campo minado desde hacía un mes. —¿Segura de que no debo ir al hospital?— Preguntó Sofía a media voz. Por fin logró decir algo y fue por no querer llegar a casa luego de todo lo que había pasado. —Si, afortunadamente no tienes ninguna contusión. Solo debes descansar— Respondió la paramédica con un ligero tono de reproche en su voz. Sofía asiente sumisa una vez más y luego se levanta y camina hasta la puerta de la ambulancia, se sienta y simplemente se abraza a si misma mientras tira de los bordes del cobertor que la paramédico le había entregado. Así permaneció durante un rato. Solo se sentó con la mirada perdida, no hizo más que pensar en lo que le diría Dallas. El odiaba profundamente que ella lo interrumpiera en el trabajo y de seguro él estaba muy ocupado cuando lo llamaron, eso lo enojaría tanto que le gritaría hasta quedarse afónico. Dallas normalmente no era un hombre agresivo y jamás le había puesto una mano encima a Sofía, pero sin duda alguna ella le tenía pánico. Minutos más tarde, la llegada de un lujoso auto de la compañía Queen, causó que el corazón de Sofía se detuviera por unos segundos y luego diera un vuelco. Tragó saliva con brusquedad y permaneció expectante hasta que vio que el chófer abrió la puerta trasera del auto y fue entonces que por fin Sofía pudo respirar hondo al ver que solo fue Allison, la secretaria de su esposo, quien bajó del auto. Allison de inmediato corrió hacia ella, con la preocupación tatuada en el rostro. —¡Cariño! ¿Estás bien?— Preguntó la rubia al estar frente a ella. —Si, si. Estoy bien— Respondió Sofía encogiéndose de hombros. —¿Estás segura? Podemos ir al hospital, te conseguiré los mejores especialistas de Los Ángeles en un par de minutos— Insistió la rubia mientras sujetaba el rostro de Sofía y lo examinaba cuidadosamente. —Tranquila, estoy bien. La paramédico me dijo que solo debía descansar— Musitó Sofía alzando ambas manos en señal de alto —¿Dónde está Dallas? Allison suspiró con desgano mientras se sentaba junto a ella y luego pasó su brazo por encima de los hombros de Sofía y le abrazó suavemente. —Lo siento mucho. El señor Dallas estaba en una reunión muy importante con los socios de la compañía, intenté hacer todo lo posible para sacarlo, pero ya sabes cómo es— Respondió la rubia cabizbaja. —Está bien… entiendo. Yo tampoco quería interrumpir su jornada laboral— Bisbisó Sofía haciendo una mueca de obviedad. —¿Qué te parece si vamos a almorzar y luego te llevo a la mansión?— Sugirió la rubia volviendo a abrazarla. —De hecho… no tengo hambre— Sofía negó con la cabeza, ella estaba consciente de lo que le dijo el doctor con respecto a su alimentación por el embarazo, pero no tenía intenciones de obligarse a comer, al menos no ese día. —Bien, entonces hay que irnos. Me quedaré contigo hasta que el señor Dallas llegue— Dijo Allison sin darle mas opciones. Ambas se levantaron y caminaron hacia el auto, pero antes de meterse en el, llegó corriendo Daniel, el mejor amigo de Sofía quien tenía la misma expresión que Allison al llegar. —¡Sofía!— Bramó mientras la abrazaba con brusquedad —¿Estás bien?— Inquirió jadeante. —Si, justo estoy por volver a casa— Respondió Sofía sonriendo levemente para tranquilizarlo. —Venia del hospital, fui a visitar a tu madre y me sorprendió que nunca llegarás, ahora entiendo porque…—Daniel comenzó a hablar pero luego guardó silencio y su expresión de preocupación se esfumó, dejando en su lugar una de furia. Daniel miró a su alrededor como si estuviera buscando algo o alguien, incluso se inclinó para ver dentro del auto al que Sofía estaba por subir. —Espera un momento… ¿Por qué será que no me sorprende?— Espetó —¡¿Dónde demonios está el imbécil de tu marido?!— Farfulló alzando la voz, causando que la multitud de civiles que estaban a su alrededor voltearan a verlos. —El...— Sofía quiso responder, pero fue interrumpida por otro grito de Daniel. —¡No quiero que me salgas con una de tus excusas Sof!— Gritó alterado —¿Qué acaso no eres más importante que el trabajo de ese maldito desgraciado?
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