El beso entre Ramiro y María continuó, creciendo con la fuerza de todo lo que habían callado durante años. Lo que empezó siendo un roce dulce se transformó en un torbellino de sensaciones, un reencuentro de cuerpos que parecían recordarse mejor que la mente. Las manos de Ramiro se deslizaron por la espalda de María, sintiendo el temblor de su piel bajo la tela fina de la blusa. Ella respondió con la misma intensidad, buscando ese calor que había creído olvidado, dejando que el corazón le marcara el ritmo. Ramiro la acariciaba con devoción, con ternura y con hambre. El beso se volvió más profundo, más urgente. Los labios se encontraron una y otra vez, como si cada uno temiera que fuera el último. El cuerpo de María se arqueó suavemente contra el suyo, y Ramiro contuvo un gemido entre dient

